Lo primero: hay que agradecer a quien decidiera reservar una jornada de programación del Espacio Zity a tres grupos que son bandera del indie español de las últimas dos décadas.

León Benavente no vinieron a cobrar, ni a pasear su leyenda, ni a hacernos un resumen de sus mejores momentos con cara de sobremesa. Vinieron a darlo todo, y lo dieron con la urgencia de quien sospecha que el mundo se acaba mañana, lo cual, a la vista de los telediarios, es una apuesta con buenas cuotas. Abel Hernández se plantó ante el micro con gesto de profesor al que acaban de recortarle el presupuesto, y la banda levantó un muro de sonido que convirtió el recinto en una asamblea de barrio con amplificadores. Ser brigada y Ánimo, valiente sonaron con una rabia intacta, esa rabia que en tantos grupos de su generación se ha ido diluyendo entre carpas de festival y logotipos de cerveza. Aquí no. Aquí arrasaron, y el público les devolvió el favor con un merecido entusiasmo.

Love of Lesbian, por su parte, siguen viviendo de sus buenas canciones de antaño, y que nadie lo tome por un insulto, porque son muy buenas canciones. Santi Balmes continúa ejerciendo de cronista oficial de la melancolía urbana, capaz de convertir cualquier estribillo en una confesión colectiva, y el público respondió con la devoción de quien recita el rosario sin mirar la estampita. Pero el cariño no está reñido con la franqueza: tanto repasar el catálogo clásico empieza a oler a museo. Quizás un descanso no les venga mal. Un par de años en barbecho, a ver si entre tanta nostalgia ajena aparece algo nuevo que merezca ser coreado. Los fieles, que son legión, salieron encantados; los que íbamos buscando sorpresas salimos también satisfechos, pero con la sensación de haber visto la misma película por enésima vez, eso sí, con un reparto estupendo.

Dorian, por su parte, llegaron con veinte años de carrera a la espalda y con la tranquilidad de quien ya no tiene que demostrarle nada a nadie. Hay oficio, hay producción y hay un puñado de canciones que el público sabe de memoria y corea con fidelidad. Dorian cumplen con nota, son ese equipo que siempre está en los puestos medios de la clasificación aunque no consiga ganar la liga. Quizás no les interese. Dorian tienen base, tienen repertorio y tienen público, que es justo lo que le falta a media escena indi nacional.

Salgo del Espacio Zity con los tímpanos fritos y una conclusión clara: cuando una banda sale a darlo todo, se nota, y cuando sale a administrar el patrimonio, también. La noche fue de León Benavente, que fueron a arrasar y arrasaron.



