El pasado sábado 24 de octubre fue el día escogido por la banda de folk metal Saurom para celebrar sus treinta años de trayectoria junto a sus familiares, vecinos y amigos de su localidad natal. A la cita acudieron también seguidores y amigos procedentes de distintas localidades de la provincia y de provincias cercanas, como Sevilla, Huelva y Málaga. Incluso pude hablar con gente llegada desde Burgos, Salamanca o Madrid. También vi a un par de personas portando una bandera de Argentina con numerosas firmas, entre las que se encontraban o añadieron ese día la de los propios miembros de Saurom.

El lugar escogido para este especial concierto fue la emblemática Plaza del Rey de San Fernando, un enclave histórico presidido por la Casa Consistorial, de estilo neoclásico y cuya construcción data de 1774. Está considerado el mayor edificio consistorial de Andalucía y el tercero más extenso de España. Un lugar que ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos, tanto frente a su escalinata como en su interior, y que sumó uno más a su historia con la celebración de este concierto, que la banda llevaba preparando desde hacía casi dos años.
A eso de las 13:00 horas ya me encontraba por la zona, cuando todavía quedaban ocho horas para el comienzo del espectáculo que los juglares nos tenían preparado. Un numeroso número de personas se había acercado a la plaza para ver a la banda y observar a los trabajadores que se encargaban de preparar toda la infraestructura y la parafernalia necesarias para un concierto tan especial, que iba a ser grabado y del que ya podemos ver algunas imágenes y vídeos en las redes sociales de Saurom.
A medida que se acercaba la hora del concierto, la plaza iba recibiendo cada vez a más personas interesadas en disfrutar de la actuación. Estas compartían espacio con los curiosos que se acercaban a preguntar qué iba a suceder cuando llegasen las nueve de la noche, hora fijada para que comenzase la magia. Al tratarse de un evento gratuito y abierto a todo el mundo, y teniendo en cuenta la cantidad de bares que rodean la plaza y sus alrededores, el ambiente fue creciendo poco a poco.
Cuando por fin el sol nos dio un respiro con su ocaso, debido a que se había sumado a disfrutar de la previa del espectáculo, calentando la zona con temperaturas más propias de fechas anteriores a octubre, la plaza presentaba un aspecto imponente, con gente por todos sus rincones.
A ello contribuyó también la suspensión del paso del tranvía que une Cádiz con San Fernando y Chiclana, con el fin de evitar atropellos ante la gran afluencia de público. Todas las miradas estaban puestas en el enorme escenario, donde ya estaba todo preparado para hacernos disfrutar. Y quienes no tuvimos la suerte de encontrarnos cerca pudimos seguir lo que ocurría gracias a las dos grandes pantallas situadas a ambos lados del escenario. Además, otra pantalla en la parte trasera proyectaría los ya habituales vídeos que acompañan a las canciones de Saurom durante sus conciertos.
Pasados unos minutos de las nueve de la noche, comenzó a sonar la introducción que abre el último trabajo de Saurom, «El Principito». Usando esa sintonía, los protagonistas de la velada iban ocupando sus puestos entre las sombras, mientras el público asistía al espectáculo de apertura ofrecido por la actuación del grupo Apatazanca, que dio paso, sin apenas pausa, a «El Mordisco de la Serpiente».
Este impresionante tema, compuesto por Narci Lara, sirvió como himno de apertura, con una soberbia descarga sonora en la que toda la banda sonó con una fuerza arrolladora. A ello contribuyeron el coro El Batallón de Mordor, el coro infantil Batalloncito, los gaiteros de Raebellion y la estupenda participación de Elizabeth Amoedo, que cantó junto a Miguel Ángel Franco.

Narci Lara, situado en un lateral del escenario, iba alternando la guitarra con la flauta travesera y la de pico, la gaita gallega, el violín y los coros, mientras que Raúl Rueda ocupaba el otro lateral con su guitarra. José A. Gallardo, al bajo, no pararía de moverse por todo el escenario, mientras que Antonio Ruiz se encargaba de la batería y Santi Carrasco de los teclados. También contaron con la colaboración de Paco Garrido, miembro de la banda en sus primeros años, que participó con el violín, el whistle, el acordeón y la gaita irlandesa en la mayoría de los temas. Unos temas más adelante se sumaría Tito Lara a la guitarra.
Todo ello estuvo acompañado de un espectáculo de luces impresionante y con potentes llamaradas de fuego cuyo calor llegaba a sentirse a bastante distancia del escenario.
Con un sonido que al principio resultó algo saturado por la potencia, llegó el turno de «El Principito», mientras los técnicos iban ajustando el sonido. Durante unos instantes, incluso llegaron a mutear el directo por error, pero finalmente se encontró el equilibrio adecuado para disfrutar a partir de entonces del resto del concierto, continuando con «La Hija de las Estrellas» y «La Leyenda de Gambrinus», esta última con la participación de Isra Ramos y el grupo Raebellion.
A continuación sonó «Músico de Calle», acompañada por los malabaristas de Apatazanca, antes de cerrar este primer bloque con «La Batalla con los Cueros de Vino». En esta última participaron Raebellion y José A. Gil a la guitarra, quien formó parte de las filas de la banda como bajista durante las grabaciones de los discos «El Guardián de las Melodías Perdidas» y «Sombras del Este». Aunque tuvo que dejar el grupo por motivos laborales, ha seguido ligado al proyecto a través de numerosos trabajos relacionados con el buen funcionamiento de las actividades de la banda.

El segundo bloque arrancó con «No Seré Yo», que contó con la presencia de Isra Ramos sobre el escenario. Sin embargo, faltó el tercer tenor de este genial tema, Ramón Lage, que se encuentra de baja prolongada por problemas de salud. Desde aquí le deseamos una pronta recuperación, con la esperanza de volver a disfrutar de su voz en sus diferentes proyectos y colaboraciones.
Le siguieron «Mejor Sin Ti», con la participación de los arlequines de Arsalabrasa, procedentes de Prado del Rey; «Reina de mis Sueños», en la que Eli nos mostró su segundo conjunto de la noche; «El Farolero» y «Mil Estrellas», esta última con la participación de los gaiteros de Raebellion.
Llegó entonces un momento de pausa en el ritmo del concierto. Narci tomó la palabra para contar a los presentes la intrahistoria del siguiente tema, «Magia», una canción dedicada a cada uno de los miembros del grupo con los que lleva compartiendo tantos años de su vida.
Mientras la interpretaban, pudimos contemplar en la pantalla central un emotivo vídeo con escenas de la historia de la banda. Fue uno de esos momentos especiales que permiten mirar atrás y recordar el camino recorrido. El segundo bloque se cerró con «El Hada & La Luna», que contó con la colaboración del arpa de Sofía Mariana, los malabaristas de Apatazanca y un espectáculo de equilibrio en telas a cargo de Arsalabrasa.
El tercer bloque comenzó con la introducción instrumental «Interludio en las Tinieblas», que enlazó con la gran sorpresa de la noche. Quienes acudimos a la prueba de sonido de la tarde ya habíamos tenido ocasión de descubrirla: Saurom interpretó por primera vez en directo el tema «Mester de Juglaría».
La canción contó con la participación de Eli a las voces, Naoki con el whistle y Sofía al arpa durante la parte final. Fue una auténtica delicia sonora que nos regaló la banda y que, sin duda, muchos de los presentes recordaremos con especial cariño.
Después de este regalo, el concierto continuó con «Baobabs», «El Aviador», «Soñando Contigo», «3,2,1… ¡La Tierra!», «Vida» y «Todo en mi Vida». Con estas canciones se alcanzaron las dos horas de concierto, mientras el público, completamente entregado, coreaba cada uno de los temas.
El cuarto bloque comenzó con la introducción sonora y visual de la gira «El Pájaro Fantasma», seguida de la canción del mismo nombre. La interpretación se inició con la colaboradora Aurora Hernández a la flauta; incorporándose al poco rato la banda Saurom, Eli, tras otro cambio de vestuario, y los gaiteros de Raebellion.
A continuación llegó la popular «La Llorona», en la que Santi recreó con los teclados el sonido de la trompeta que suena en el disco. Después sonó «El Lazarillo de Tormes», con la participación de Isra. Para cerrar este bloque quedaron las más tranquilas, «Cuando Nadie nos Ve» y una emotiva versión acústica de «La Musa y el Espíritu», que contó con Sofía al arpa.
El último bloque arrancó con los agradecimientos de la banda a todos los participantes del concierto y al público que abarrotaba la plaza. A continuación interpretaron «El Rey que no sabía mandar», seguida de «El Carnaval del Diablo», con la participación de los artistas circenses de Apatazanca.
Y entonces llegó uno de los momentos más esperados: «El Círculo Juglar», con Raebellion sobre el escenario y Miguel resistiéndose a abandonarlo, a pesar de las numerosas insinuaciones que recibió del público que los esperaba ansioso en la pista para bailar con él como en otros conciertos. No sé si Santi también se atrevió a participar, porque no llegué a verlo sobre el escenario durante esta canción.
Tras una pausa de varios segundos, con el escenario a oscuras, llegó el turno de uno de los temas habituales de esta parte final del concierto: «Fuego». La canción estuvo acompañada de un impresionante espectáculo de fuego, con la participación de Apatazanca y de Arsalabrasa, cuyos integrantes realizaron malabares con fuego sobre el escenario.
Ya en la recta final, cuando nos acercábamos a las doce de la noche, Saurom interpretó «Noche de Halloween», un himno muy propio para las fechas en que nos encontramos. El concierto se cerró con «La Taberna», con el escenario lleno de gente y Eli e Isra compartiendo canción con Apatazanca, Arsalabrasa y los propios miembros de la banda, mientras el público jugaba con los habituales globos enormes y las serpentinas que en esta ocasión sí llegaron a las primeras filas.
Los seis miembros de la banda repitieron el abrazo colectivo que ya les había visto darse cuando triunfaron en el concierto del Movistar Arena. Esta vez volvieron a celebrar el éxito en casa, frente a las personas que los han visto nacer, crecer, luchar y superar dificultades durante tantos años, y que ahora empiezan a recoger los frutos de un proyecto al que han dedicado buena parte de sus vidas.
Fue un concierto soberbio que dejó a todos los que nos reunimos allí completamente extasiados. Tuvimos la oportunidad de vivir en primera persona un espectáculo que ha quedado grabado para inmortalizar el momento. No quiero desvelar demasiado en esta extensa crónica, para que podamos disfrutarlo plenamente si finalmente se publica íntegro, después del arduo trabajo que le espera a Daniel López, séptimo integrante de la banda, encargado del diseño de las portadas y de los videoclips.

Fue una noche especial que nadie que conozca a la banda quiso perderse. Durante el concierto pude hablar o cruzarme con miembros de la escena nacional como los paisanos Guadaña, o del ámbito gaditano como Argi, Zirat, Kapitan Taberníkola y los ya extintos Brutal Slaughter u Odisea, embarcados actualmente en la organización de conciertos con Orionrituals, y el ya experimentado Manuel Pérez, director de RK Music Talent. Seguramente hubo muchos más a los que no llegué a ver, teniendo en cuenta la enorme cantidad de gente que llenaba la plaza.
No puedo terminar esta crónica sin agradecer a José Vilaboy su colaboración, aportando las fotografías que la acompañan. Os recomiendo visitar su página de Facebook, José Vilaboy, para disfrutar de muchas más imágenes del concierto, debido a las limitaciones de espacio de nuestra revista que nos impiden incluirlas todas. Os dejo también su Instagram, Jvilca_7, pero ahí no ha colgado fotos del concierto por ahora.
Gracias también a los propios Saurom por su larga amistad y por regalarnos un concierto para el recuerdo, de esos que permanecerán en nuestra memoria durante mucho tiempo. Les deseo que sigan cosechando éxitos en los próximos años y que podamos celebrar juntos muchísimos aniversarios más.
Y, por último, gracias a ti por dedicar un rato de tu tiempo a leer esta crónica hasta el final.
¡Nos vemos en el próximo bolo!

