Crónica del concierto de Viva Suecia en Espacio Zity, Zaragoza, 10-10-2026

Conviene decirlo pronto para que nadie se lleve a engaño: el espectáculo de Viva Suecia es impresionante. Apabulla en lo visual y destila épica en cada acorde. Por algo son el grupo decano del indie pop-rock de estadio. 12 músicos en escena, pantallas, llamaradas que abrasan a las primeras filas, confeti a espuertas y cañones de humo. Será por dinero. Y encima, los músicos, entregados, dándolo todo sobre el escenario como si no existiera el mañana. Nadie podrá acusar a Viva Suecia de ir de farol: ellos sudan la camiseta.

Y sin embargo, las canciones, que al fin y al cabo son lo que queda cuando se apagan los focos y se barre el confeti, me acaban pareciendo monótonas. Los reyes actuales del indie de estadios, con sus coros construidos para quedarse a vivir de forma desesperada en el imaginario colectivo, consiguen lo que se proponen: la carpa entera lo pasó en grande, y el público cantó cada estribillo con la devoción de quien reza un padrenuestro antes de ser arrollado por un tsunami. Pero yo, que reconozco mi parte de culpa, no conecté con sus himnos y eché de menos algo más de variedad en sus propuestas. Será cosa mía pero sus corros me recuerdan a los de Coldplay intentando ser U2.

La excepción, y conviene subrayarla, fue la incorporación de una sección de viento y dos coristas. Fue ese ápice de novedad el que hizo que el concierto ganara enteros. Cuando la noche derivó hacia momentos más discotequeros, con las coristas tomando las riendas del show, entró un soplo de aire fresco que le vino de maravilla al show.

Que nadie me malinterprete: Viva Suecia son un gran grupo. Saben lo que representan, cargan con el enorme peso del éxito con dignidad y se les nota consciencia de ello. Aunque quizás se repitan en exceso y, a pesar de la entrega de los músicos, la fórmula empiece a dar síntomas de agotamiento, al menos para quien estas líneas escribe. Es evidente que el público disfrutó, pero a mí, a pesar de la entrega del grupo, el concierto me dejó algo frío. Los de Murcia me convirtieron por momentos a su religión con temas como Dolor y gloria, Justo cuando el mundo apriete, La voz del presidente o El bien, quizás más por el contagioso entusiasmo de sus fans que por la calidad de las canciones.

Párrafo aparte merece el recinto, que no es el ideal, todos lo sabemos. La carpa está mejor que otros años, es justo reconocerlo, pero el sonido sigue sin ser todo lo bueno que debería. Aunque sospecho que a buena parte de los asistentes les puede más el fomo que la calidad del sonido: había que estar, y estuvieron. El signo de nuestros tiempos.