Poemas Traducidos: Le Spleen de Paris / Los ojos de los pobres – Charles Baudelaire

Publicado el 06/03/2018 | por Angel | En Papel, Especiales

Baudelaire no deja de sorprenderme. Otra de las obras de este poeta tan poco traducido a nuestro idioma es Le Spleen de Paris, una serie de 50 poemas en prosa muy bellos. En concreto el de hoy, el número 26, se titula Los ojos de los pobres. un poema en el que Baudelarie, mediante la descripción, efectúa un bello texto para una dama de la que estaba enamorado. Curiosamente una canción de The Cure del disco Kiss me Kiss me Kiss me, muy bonita por cierto, coincide con este bello poema.

 

LE SPLEEN DE PARIS – CHARLES BAUDELAIRE

 

 

LES YEUX DES PAUVRES

 

Ah ! vous voulez savoir pourquoi je vous hais aujourd’hui. Il vous sera sans doute moins facile de le comprendre qu’à moi de vous l’expliquer ; car vous êtes, je crois, le plus bel exemple d’imperméabilité féminine qui se puisse rencontrer.

Nous avions passé ensemble une longue journée qui m’avait paru courte. Nous nous étions bien promis que toutes nos pensées nous seraient communes à l’un et à l’autre, et que nos deux âmes désormais n’en feraient plus qu’une ; — un rêve qui n’a rien d’original, après tout, si ce n’est que, rêvé par tous les hommes, il n’a été réalisé par aucun.

Le soir, un peu fatiguée, vous voulûtes vous asseoir devant un café neuf qui formait le coin d’un boulevard neuf, encore tout plein de gravois et montrant déjà glorieusement ses splendeurs inachevées. Le café étincelait. Le gaz lui-même y déployait toute l’ardeur d’un début, et éclairait de toutes ses forces les murs aveuglants de blancheur, les nappes éblouissantes des miroirs, les ors des baguettes et des corniches, les pages aux joues rebondies traînés par les chiens en laisse, les dames riant au faucon perché sur leur poing, les nymphes et les déesses portant sur leur tête des fruits, des pâtés et du gibier, les Hébés et les Ganymèdes présentant à bras tendu la petite amphore à bavaroises ou l’obélisque bicolore des glaces panachées ; toute l’histoire et toute la mythologie mises au service de la goinfrerie.

Droit devant nous, sur la chaussée, était planté un brave homme d’une quarantaine d’années, au visage fatigué, à la barbe grisonnante, tenant d’une main un petit garçon et portant sur l’autre bras un petit être trop faible pour marcher. Il remplissait l’office de bonne et faisait prendre à ses enfants l’air du soir. Tous en guenilles. Ces trois visages étaient extraordinairement sérieux, et ces six yeux contemplaient fixement le café nouveau avec une admiration égale, mais nuancée diversement par l’âge.

Les yeux du père disaient : « Que c’est beau ! que c’est beau ! on dirait que tout l’or du pauvre monde est venu se porter sur ces murs. » — Les yeux du petit garçon : « Que c’est beau ! que c’est beau ! mais c’est une maison où peuvent seuls entrer les gens qui ne sont pas comme nous. » — Quant aux yeux du plus petit, ils étaient trop fascinés pour exprimer autre chose qu’une joie stupide et profonde.

Les chansonniers disent que le plaisir rend l’âme bonne et amollit le cœur. La chanson avait raison ce soir-là, relativement à moi. Non-seulement j’étaisattendri par cette famille d’yeux, mais je me sentais un peu honteux de nos verres et de nos carafes, plus grands que notre soif. Je tournais mes regards vers les vôtres, cher amour, pour y lire ma pensée ; je plongeais dans vos yeux si beaux et si bizarrement doux, dans vos yeux verts, habités par le Caprice et inspirés par la Lune, quand vous me dites : « Ces gens-là me sont insupportables avec leurs yeux ouverts comme des portes cochères ! Ne pourriez-vous pas prier le maître du café de les éloigner d’ici ? »

Tant il est difficile de s’entendre, mon cher ange, et tant la pensée est incommunicable, même entre gens qui s’aiment!

 

 

LOS OJOS DE LOS POBRES

 

¡Ah! Quieres saber por qué te aborrezco en este momento. Te será sin duda más difícil de comprender que a mi explicártelo; porque eres, creo, el ejemplo más claro de impermeabilidad femenina que se pudiera conocer.

Habíamos pasado juntos un largo día que se me hizo corto. Nos prometimos que todos nuestros pensamientos serían comunes a ambos, y que nuestras dos almas en adelante no serían más que una; – un sueño que no tiene nada de original, después de todo, a no ser que, soñado por todos los hombres, no haya sido realizado por ninguno.

De noche, un poco cansada, quisiste sentarte delante de una cafetería nueva que hacía esquina con un nuevo boulevard, todavía lleno de escombros que mostraba ya gloriosamente sus lujos inacabados. La cafetería resplandecía. Hasta el mismo gas allí desplegaba todo el ardor de un comienzo e iluminaba con todas sus fuerzas las paredes cegadoras de blancura, las superficies deslumbrantes de los espejos, los oros de las molduras y de las cornisas, los pajes de rollizas mejillas arrastrados por los perros con correa, las señoritas riendo a los halcones posados en su puño, las ninfas y las diosas llevando sobre su cabeza los frutos, los patés y la caza, las Hebes y los Ganímedes ofreciendo a brazo tendido la pequeña ánfora con babarois o el obelisco bicolor de los helados combinados; toda la historia y la mitología puestas al servicio de la glotonería.

Justo delante de nosotros, en el pavimento, estaba plantado un buen hombre de unos cuarenta años, de cara cansada, barba canosa, llevando de la mano un niño y cargando sobre el otro brazo un pequeño ser demasiado débil para poder caminar. Él desempeñaba el oficio de criada y llevaba a sus hijos a tomar la brisa nocturna. Todos harapientos. Esas tres caras estaban extraordinariamente serias, y esos seis ojos contemplaban fijamente la cafetería nueva con la misma admiración, aunque matizada de manera diferente por la edad.

Los ojos del padre decían: “¡Qué hermosa! ¡qué hermosa! se diría que todo el oro de este pobre mundo se ha puesto sobre estos muros.” – Los ojos del niño: “¡Qué hermosa! ¡qué hermosa! aunque es una casa donde solo puede entrar la gente que no es como nosotros.” – En cuanto a los ojos del más pequeño, estaban demasiado fascinados como para expresar otra cosa que una estúpida y profunda alegría.

Los cantantes dicen que el placer vuelve al alma buena y ablanda el corazón. La canción tenía razón aquella noche, respecto a mi. No solamente estaba enternecido por esa familia de ojos, sino que me sentía un poco avergonzado de nuestros vasos y jarras, más grandes que nuestra sed. Volví mis ojos hacia los tuyos, querida, para leer mi pensamiento; me bañaba en tu mirada tan bella y tan extrañamente dulce, en tus ojos verdes, habitados por el Capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijiste: ” ¡Esas personas me son insoportables con sus ojos abiertos como las puertas cocheras! ¿No podrías pedir al dueño de la cafetería que los aleje de aquí?

¡Es tan difícil entenderse, querida mía, y tan incomunicable el pensamiento, incluso entre personas que se aman!

 


 

 

Sobre el autor

Melómano empedernido, me divierto traduciendo canciones y poesía. Me gusta escribir. Soy un eterno aprendiz y creo firmemente que todos tenemos el germen del arte en nuestro interior.

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