Directores europeos emigrados a Hollywood antes de la IIGM

Publicado el 14/11/2017 | por Carlos Tizón | Cine, Opinión

Quizás el título del artículo está mal expresado porque la culpa de la inmigración masiva de directores, actores, actrices, técnicos, músicos, guionistas y artistas en general la tuvo Hitler y el auge de los totalitarismos fascistas y xenófobos a final de la década de los 20 y principios de los 30 del siglo XX.

Los grandes nombres de la industria cinematográfica norteamericana ya habían llegado con motivo de la IGM, y personalidades como Louis B. Mayer (Polonia), William Fox (Hungría), Carl Laemmle (Alemania) o Samuel Goldwyn (Polonia) habían cruzado el Atlántico para convertir a Hollywood en la cuna del 7º arte.

Si obviamos los grandes nombres que ya habían cruzado el océano anteriormente, casos de Charles Chaplin, Erich Von Stroheim o Joseph Von Sternberg, o los que emigraron posteriormente por otros motivos, casos de Alfred Hitchcok o David Lean, o aquellos cuya producción en los Estados Unidos, aunque brillante, fue escasa, casos de Max Ophüls o Jean Renoir, podemos cercar mucho el amplísimo marco que intentamos cerrar.

El alzamiento de Mussolini y el fascismo en Italia en la década de los 20, pero sobre todo el levantamiento de Hitler y el partido nazi, provocó una inmigración recurrente, primero a Francia y Gran Bretaña, y de ahí a Estados Unidos que aprovechó todo el talento proveniente del viejo continente, curtido en las grandes industrias alemanas y francesas.

UFA, Pathé  y Gaumont eran grandes productoras, y la mayoría de profesionales surgidos de sus filas lo hacían con una experiencia y capacidad extraordinarias. Max Steiner, Dimitri Tiomkin, Peter Lorre o Marlene Dietrich, muchísimos nombres podríamos incluir en una lista, pero limitémonos a 5 y a los directores de cine que emigraron en esa etapa previa a la IIGM.

Billy Wilder, Fritz Lang, Otto Preminger, Fred Zinnemann y Robert Siodmak podrían ser los elegidos, aunque como digo bien podríamos cambiar algún nombre, dejando claro que iconos como Ernst Lubitsch o F.W. Murnau ya hicieron esa transición años antes.

 

BILLY WILDER

 

 

 

Nació un 22 de junio de 1906 en la ciudad de Sucha, cuando las fronteras todavía abarcaban el Imperio Austrohúngaro. Su vida se condujo rápidamente hacia las letras, y  primero como periodista en Viena y Berlín, y posteriormente como empleado de la UFA en Berlín se codeó con los grandes directores y guionistas de la época. La llegada de Hitler al poder le obligó a abandonar el país debido a su ascendencia judía (su madre murió en Auschwitz), pasando por Francia y, finalmente, Estados Unidos.

Al llegar a Hollywood comenzó a trabajar como guionista para la Paramount hasta que, en 1942, debutó como director con “El mayor y la menor”. En total, llegó a dirigir 25 películas en Estados Unidos, ganando 6 premios Oscar, entre ellos 2 al Mejor Director por Días sin huella (1945) y El apartamento (1960) y 3 como guionista por Días sin huella, El Apartamento y El crepúsculo de los dioses (1950).

Su gran punto fuerte radicaba en las palabras. La gran importancia que daba a los guiones y la gran cantidad de horas que dedicaba a pulirlos dejaba claro ese punto. Comenzó en Hollywood como guionista, entre otros, para películas de maestros como Ernst Lubitsch, Mitchell Leisen o Howard Hawks, en obras tan milimétricas en sus textos como “La octava mujer de Barba azul”, “Medianoche” o “Bola de fuego” hasta que, al lanzarse a la dirección, se alió siempre con parejas de escritura de la talla de Charles Brackett, I.A.L. Diamond o sus puntuales y tormentosos escritos con autores del nivel de George Axelrod o el más famoso de todos los casos como es Raymond Chandler para escribir “Perdición”.

 

 

En total, sus guiones fueron 12 veces nominados al Oscar, ganando 3, pero su inconfundible estilo marcó y sigue marcando a todos los que disfrutamos con su filmografía.

Trabajó con muchos de los grandes actores y actrices del Hollywood clásico. Barbara Stanwyck, Ginger Rogers, Joan Fontaine, Gloria Swanson, Marlene Dietrich, Jean Arthur, Joan Fontaine, Jane Wyman, Ann Baxter, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe, Shirley MacLaine o Kim Novak entre el género femenino. Ray Milland, Fred MacMurray, Bing Crosby, William Holden, Kirk Douglas, Humphrey Bogart, James Stewart, Gary Cooper, Maurice Chevalier, Tyrone Power o Tony Curtis entre el masculino, aunque siempre quedará para la historia la pareja que conformaron Jack Lemmon y Walter Matthau, que llegaron a a compartir protagonismo hasta en 3 ocasiones en el final de su carrera como director.

 

 

Su nombre siempre ha ido asociado a la comedia con títulos tan emblemáticos como “Con faldas y a lo loco”, Irma la dulce”, Sabrina”, “Primera plana”, “Uno, dos, tres”, “Ariane”, “La tentación vive arriba” o “¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?”. Su ritmo trepidante, sus maravillosos diálogos, la explosiva química entre sus protagonistas y las dosis perfectas de romanticismo y emoción para aligerar la comedia lo han convertido en un icono del género a nivel mundial.

Sin embargo habría que recordar que Wilder ha tratado con sublime éxito casi todos los géneros. Desde el cine negro (Perdición o El crepúsculo de los dioses), el drama (Días sin huella o El gran carnaval), la intriga bélica (Traidor en el infierno) o judicial (Testigo de cargo) o el biopic (El héroe solitario).

 

 

Su nervioso temperamento le llevó a no parar hasta el final de sus días. Desde que estrenó su último film, “Aquí un amigo” (1981), hasta su muerte, siguió conservando un despacho al que acudía a trabajar diariamente, a escribir, a dar vueltas a ideas que burbujeaban en su cabeza, pero el mundo del cine cambió y su legado concluyó con los 25 títulos mencionados, de los que más de una docena son obras maestras del cine norteamericano.

 

FRITZ LANG

 

 

Lang fue otro director austríaco que dividió su carrera entre la Alemania pre-IIGM y los Estados Unidos. 16 años mayor que Wilder, fue uno de los pilares del boom del expresionismo alemán surgido en la década de los 20 de la mano de la productora U.F.A. Su trilogía del Dr. Mabuse, su dupla de Los Nibelungos, Metropolis o M, el vampiro de Düsseldorf son clásicos imperecederos del cine mudo que forjaron su maestría y le proporcionaron el pasaporte, primero a Francia y luego a Estados Unidos, para consolidar su carrera en el Hollywood de los años dorados.

Al igual que Wilder, también comenzó en Alemania como guionista y, aunque al llegar a California solo firmó 2 de sus propias películas como escritor, le sirvió para dar una visión mucho más completa a la película para la que trabajaba. Cruzado el charco tuvo muchos problemas para llevar a cabo sus proyectos, hasta que Joseph Leo Mankiewicz, a través de MGM, le produjo “Furia”, un soberbio drama que clama iracundamente contra lo que estaba pasando en Alemania. Sus gritos contra el nazismo continuaron con películas como “El hombre atrapado” o “Los verdugos también mueren”.

 

 

Pese a que se atrevió con el western en “La venganza de Frank James”, “Espíritu de conquista” o “Encubridora”, la comedia con “You and me”, o el cine de aventuras de manera brillante de la mano de “Los contrabandistas de Moonfleet”, Fritz Lang se convirtió en maestro indiscutible del género negro, donde pudo volcar muchas de las inquietudes arrastradas de la Alemania nazi y muchas de las enseñanzas aprendidas en su etapa en la UFA.

“Sólo se vive una vez”, “El ministerio del miedo”, “La mujer del cuadro”, “Perversidad”, “Secreto tras la puerta”, “Gardenia azul”, “Los sobornados”, “Deseos humanos”, “Más allá de la duda” y “Mientras Nueva York duerme” conforman el compendio más completo del género negro que ningún director de cine haya compuesto para la cinematografía mundial. Si le sumamos que dramas como “La casa del río” o “Encuentro en la noche” van revestidos con una capa de negritud tan profunda que deberían unirse a dicha lista, no tenemos más remedio que darle el cetro del género.

 

 

Al final de su carrera volvió a Alemania (RFA) para rodar la dupla El tigre de Esnapur/La tumba india y cerrar la trilogía dedicada al Dr. Mabuse (Los crímenes del Dr. Mabuse). Adorado por los revolucionarios del Cahiers du Cinéma en Francia, llegó a aparecer como actor haciendo de sí mismo en la película de Jean-Luc Godard “El desprecio” (Le Mépris).

Centrado en Hollywood, su cámara filmó a iconos como Spencer Tracy, Henry Fonda, Sylvia Sidney, George Raft, Gene Tierney, Randolph Scott, Joan Bennett, Walter Brennan, Ray Milland, Edward G. Robinson, Gary Cooper, Tyrone Power, Barbara Stanwyck, Marlene Dietrich, Anne Baxter, Robert Ryan, Mel Ferrer, Glenn Ford, Gloria Grahame, Stewart Granger, Dana Andrews, Joan Fontaine o Debra Paget.

 

OTTO PREMINGER

 

 

Preminger es otro de los nacidos a principios del siglo XX en el entonces Imperio Austrohúngaro que, a razón de sus raíces judías, tuvo que ir emigrando, pasando por Graz, Viena y, finalmente, Hollywood.

Su iniciático amor por el teatro le llevó a querer ser actor, consiguiéndolo de la mano de Max Reinhardt, hasta que la coquetería y la casualidad le llevaron a trasladarse tras la cámara. Y fue su talento el que le hizo un nombre importante y consiguió que la recién creada 20th Century Fox le facilitara el traslado.

Sin embargo, su famoso mal carácter le enemistó con Darryl F. Zanuck y le dejó sin trabajo al poco de llegar a California. El teatro volvió a aparecer en su vida y Broadway le dio la oportunidad de retomar su pasión hasta que, de nuevo la casualidad, le devuelve a la Fox. Zanuck se alistó en el ejército para la IIGM, y la Fox le contrata para interpretar el mismo personaje que hacía en Broadway para la adaptación que Lubitsch iba a dirigir en Hollywood, pero Ernst Lubitsch abandonó el barco y fue Otto Preminger el que asumió la dirección, volviendo por la puerta de atrás.

 

 

Una vez asentado, llegó su primera obra maestra y de ahí su fijación de residencia en las colinas de Los Ángeles. Estoy hablando de “Laura” (1944), un emblema del cine negro en el que Preminger talla el rostro de Gene Tierney a fuego en el recuerdo de millones de espectadores de todo el mundo. Además, logra su primera nominación al Oscar como mejor director, entre las 5 que consiguió la película, y ganó el de mejor fotografía en b/n.

A partir de ahí, no dejó de trabajar y con un buen puñado de grandes películas del género noir, casos de “¿Ángel o diablo?”, “Al borde del peligro”, “Vorágine” o “Cara de ángel”, se consolidó como uno de los grandes talentos emigrados de la vieja Europa huyendo de la locura del nazismo.

Entrados en la década de los 50 empezó a diversificar ampliamente sus géneros estilísticos y podemos ver como se adentra en el musical (“Carmen Jones” o “Porgy y Bess”), el western (“Río sin retorno”), el drama (“El hombre del brazo de oro” o “El cardenal”), el cine épico (“Éxodo) o la intriga (“El rapto de Bunny Lake”). Sin embargo, hay dos obras, filmadas ya en su madurez, que dejan constancia de su talento innato.

 

 

Hablo de “Anatomía de un asesinato” (1959), nominada a 7 premios Oscar, y “Tempestad sobre Washington” (1962) que, a mi juicio, está entre las 3 mejores cintas jamás filmadas sobre temática política. Preminger consigue analizar sistemáticamente los entresijos de los juzgados y de las altas esferas y corruptelas políticas en 2 películas que, junto a “Laura”, le hacen merecedor de pasar a la historia del cine.

 

FRED ZINNEMANN

 

 

 

Nació en Viena en 1907 y, pese a sus querencias hacia la música y el Derecho, terminó acercándose al mundo del cine, dando sus primeros pasos en Alemania en los años 20. Sus orígenes judíos y el incipiente crecimiento del partido nacionalsocialista le sirvieron de excusa para emigrar a Estados Unidos y estudiar cine.

Comenzó actuando como intérprete en pequeñas apariciones y como operador de cámara para la MGM. Adquirió la experiencia y habilidad necesaria para dirigir en el mundo de los cortometrajes, donde llegó a ganar 2 Oscar.

 

 

Los años 40 sirvieron para ampliar esa experiencia y darse a conocer, pero fue en las décadas de los 50 y 60 cuando nos regaló sus mejores obras, impregnadas de una visión interior de los personajes que, entre otras cosas, le sirvió para abrir ventanas en algunos géneros que parecían estancados.

Con “Solo ante el peligro” (1952) dota al western de un trasfondo psicológico que pocas veces se había visto en la gran pantalla, consiguiendo 4 premios Oscar con ella (entre ellos el de mejor actor para Gary Cooper).

Con “De aquí a la eternidad” da una vuelta de tuerca al drama bélico, donde la complejidad interior de los personajes es comparable al violento futuro que les espera tras el ataque del ejército japonés a Pearl Harbor, que sirve de telón de fondo para aumentar el dramatismo. Triunfadora absoluta en los Oscar, ganó 8 premios, incluidos el de mejor película, director para Zinnemann o actores secundarios para Frank Sinatra y Donna Reed.

El musical,“Oklahoma!”, el crudísimo drama sobre las drogas “Un sombrero lleno de lluvia”, el intenso drama religioso “Historia de una monja”, o el drama aventurero “Tres vidas errantes” le codeó con la flor y nata de la interpretación en Hollywood, apareciendo sus películas entre las nominadas a los Oscar.

 

 

Pero fue la adaptación de la obra teatral de Robert Bolt “Un hombre para la eternidad” la que le devolvió a lo más alto. La exquisita producción británica, cuidada al más mínimo detalle, con un reparto espectacular, una ambientación preciosista y una dirección de manual, le otorgó 6 Oscar, entre los que recogió el de mejor director por 2ª vez en su carrera.

En sus últimos 15 años de carrera solo rodó 3 películas más, aunque destacaremos solo 2. La adaptación del best seller de Frederick Forsyth “Chacal”, con un pulso y una intriga que nos mantiene pegados a la pantalla durante las más de 2 horas que dura; y la intimista adaptación de la autobiografía de la escritora Lillian Hellman “Julia”, con grandes interpretaciones del reparto y una visión de la amistad que pone los pelos de punta.

Al contrario que la hiperactividad de Wilder o el mal carácter de Preminger, Zinnemann era conocido por su infinita paciencia y buen trato con los actores. Su flexibilidad en los rodajes era contraria a su dureza en los despachos, siendo mítico el enfrentamiento con el ogro de la Columbia, Harry Cohn, por el papel para Monty Clift en “De aquí a la eternidad”.

Sus últimos años los dedicó al Sindicato de Directores Americanos, luchando contra los anuncios televisivos en las emisiones de películas o el coloreado artificial de películas en b/n. Hoy en día podemos decir que perdió la 1ª batalla, pero el tiempo, con toda la razón que la coherencia puede hacer, le llevó a ganar la 2ª y los clásicos coloreados fueron un fracaso, pasando a mejor vida.

 

ROBERT SIODMAK

 

 

 

La vida de Siodmak es un puzzle de lo más variable. Nació en 1900 en Alemania y, a causa de la decadencia familiar, comenzó a trabajar como actor con un fracaso similar. Pasó al mundo de la banca con mejor suerte, pero la crisis le devolvió al mundo del cine. Se muda a Berlín, donde escribe sus primeros guiones para la UFA, pasando a la dirección al llegar la década de los 30. Pero, tras 5 producciones, debe emigrar a Francia, donde continúa dirigiendo hasta el inicio de la IIGM.

Llega el momento de volver a hacer las maletas y cruzar el Atlántico para instalarse en las colinas de Los Ángeles. Sus inicios en la Paramount y Universal le llevan por diversas cintas de serie B con poca trascendencia, pero es cuando llega su género favorito cuando saca el mejor partido posible.

 

 

Películas como “La dama desconocida”, “El sospechoso”, “Pesadilla”, “La escalera de caracol”, “A través del espejo”, “Una vida marcada”, “El abrazo de la muerte” o “El caso de Thelma Jordon” son algunas de las más destacadas dentro del género negro, y todas salen de la mano de Siodmak. Pero, entre todas, destaca “Forajidos”, la adaptación del relato de Hemingway, con una dupla majestuosa, Burt Lancaster como “el sueco” y Ava Gardner como “Kitty”.

Siodmak es, junto a Fritz Lang, uno de los directores imprescindibles dentro del cine negro, y su paso por las entrañas del cine alemán liderado por la UFA tuvo gran parte de culpa. Su paso a Hollywood, la IIGM, la crisis social y moral post bélica y el macartismo sirvieron de complemento para vestir al género con los atuendos necesarios para convertirlo en uno de los más apreciados por crítica y público.

 

 

La despedida de Hollywood antes de volver, primero a Francia y luego a Alemania, para terminar su carrera en Europa, fue una de las joyas del cine de aventuras, “El temible burlón”, con la dupla Burt Lancaster/Nick Cravat haciendo las delicias de los aficionados. Tras su vuelta apenas destacan algunas películas, casos de “Las ratas” (1955), “El diablo ataca de noche” (1957) y una notable coproducción basada en hechos reales sobre la fuga de un grupo de personas del Berlín este al oeste, tras la construcción del muro, “Túnel 28”.

Su figura, poco apreciada durante muchos años, ha ido recuperando importancia y cogiendo el valor que realmente le corresponde.

 

FILMOGRAFÍA DESTACADA

 

 

 

  • El Dr. Mabuse (F. Lang, 1922)
  • Metrópolis (F. Lang, 1927)
  • M, el vampiro de Düsseldorf (F. Lang, 1931)
  • El testamento del Dr. Mabuse (F. Lang, 1933)
  • Furia (F. Lang, 1936)
  • Solo se vive una vez (F. Lang, 1937)
  • Laura (O. Preminger, 1944)
  • La dama desconocida (R. Siodmak, 1944)
  • La mujer del cuadro (F. Lang, 1944)
  • Perdición (B. Wilder, 1944)
  • El sospechoso (R. Siodmak, 1944)
  • ¿Ángel o diablo? (O. Preminger, 1945)
  • Perversidad (F. Lang, 1945)
  • La escalera de caracol (R. Siodmak, 1945)
  • Días sin huella (B. Wilder, 1945)
  • A través del espejo (R. Siodmak, 1946)
  • Forajidos (R. Siodmak, 1946)
  • Secreto tras la puerta (F. Lang, 1947)
  • Una vida marcada (R. Siodmak, 1948)
  • El gran pecador (R. Siodmak, 1949)
  • El abrazo de la muerte (R. Siodmak, 1949)
  • El crepúsculo de los dioses (B. Wilder, 1950)
  • La casa del río (F. Lang, 1950)
  • Al borde del peligro (O. Preminger, 1950)
  • El gran carnaval (B. Wilder, 1951)
  • Encubridora (F. Lang, 1952)
  • Solo ante el peligro (F. Zinnemann, 1952)
  • El temible burlón (R. Siodmak, 1952)
  • Cara de ángel (O. Preminger, 1952)
  • Traidor en el infierno (B. Wilder, 1953)
  • Gardenia azul (F. Lang, 1953)
  • De aquí a la eternidad (F. Zinnemann, 1953)
  • Los sobornados (F. Lang, 1953)
  • Sabrina (B. Wilder, 1954)
  • Río sin retorno (O. Preminger, 1954)
  • Deseos humanos (F. Lang, 1954)
  • Las ratas (R. Siodmak, 1955)
  • El hombre del brazo de oro (O. Preminger, 1955)
  • Los contrabandistas de Moonfleet (F. Lang, 1955)
  • Más allá de la duda (F. Lang, 1956)
  • Mientras Nueva York duerme (F. Lang, 1956)
  • Ariane (B. Wilder, 1957)
  • Un sombrero lleno de lluvia (F. Zinnemann, 1957)
  • Testigo de cargo (B. Wilder, 1957)
  • Porgy & Bess (O. Preminger, 1959)
  • Historia de una monja (F. Zinemann, 1959)
  • Con faldas y a lo loco (B. Wilder, 1959)
  • Anatomía de un asesinato (O. Preminger, 1959)
  • Los crímenes del Dr. Mabuse (F. Lang, 1960)
  • El apartamento (B. Wilder, 1960)
  • Éxodo (O. Preminger, 1960)
  • Uno, dos, tres (B. Wilder, 1961)
  • Tunel 28 (R. Siodmak, 1962)
  • Tempestad sobre Washington (O. Preminger, 1962)
  • Irma la dulce (B. Wilder, 1963)
  • El cardenal (O. Preminger, 1963)
  • El rapto de Bunny Lake (O. Preminger, 1965)
  • En bandeja de plata (B. Wilder, 1966)
  • Un hombre para la eternidad (F. Zinnemann, 1966)
  • ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre? (B. Wilder, 1972)
  • Chacal (F. Zinnemann, 1973)
  • Primera plana (B. Wilder, 1974)
  • Julia (F. Zinnemann, 1977)

 

escrito por Eduardo Garrido 

 

Sobre el autor

Licenciado en el arte de apoyar el codo en la barra de bar. Comencé la carrera de la vida y me perdí por el camino, dándome de bruces con el rock and roll. Como no pude ser una rock star, ahora desnudo mi alma cual decadente stripper de medio pelo en mi blog, Motel Bourbon.

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