Crítica de la primera temporada de LA NIEBLA

Publicado el 17/09/2017 | por José Luis Díez | Cine
Valoración
55

“La niebla” es una interesante novela corta de Stephen King que había tenido dos adaptaciones anteriores, la primera a comienzos de los ochenta fue la de John Carpenter, inspirada muy libremente y donde la niebla arrojaba unos marinos fantasmas que masacraban sin piedad a toda una pequeña población pesquera en busca de venganza. Un clásico producto de terror, con conexiones a los templarios de “El ataque del terror ciego” de Amando de Ossorio, con los años convertido en un filme de culto, y la segunda más fiel al libro, dirigida por Frank Darabont en 2007, en su tercera incursión sobre el novelista de Maine tras “Cadena perpetua” y “La milla verde”, y que poseía uno de los finales más impactantes vistos en el siglo XXI. Con estos buenos precedentes se esperaba mucho de la nueva producción de Netflix, ya que la ventaja de una serie sobre una película, es que por su duración puede extenderse en ciertas tramas y abordar las diversas personalidades de los personajes de forma más compleja. El problema aquí reside en que muchas de las reacciones acaban resultando repetitivas y acaban volviendo a lo mismo, por lo que la sensación de rellenar secuencias para llegar a los cuarenta y cinco minutos de duración de cada episodio se hace patente en el espectador, cosa que sucedía en series como “Scream”, donde muchos episodios eran “paja” durante buena parte de su metraje y unos últimos minutos con gran tensión. Aquí durante diez capítulos que dura esta primera temporada, la serie es dividida en tres localizaciones, la primera en el centro comercial, donde quedan la mujer protagonista con su hija y donde la falta de víveres y el abatimiento convierten a pacíficos ciudadanos en una horda populista que desean acabar con el disidente a sus planteamientos, por otro lado tenemos a su marido que junto a un reducido grupo intenta sobrevivir y buscar a sus familiares yendo de un lado a otro para acabar conviviendo con otro grupo escondido en una iglesia, donde destaca una anciana “hippie” que se convierte en líder religiosa al convencer a los parroquianos de ser la enviada de la niebla en la tierra y gracias a ese fervor irracional empieza una escalada de violencia. Ese tono pío recuerda en buena medida a algunos diálogos en series como “The walking dead”, curiosamente trasladada a imágenes por Frank Darabont como el segundo largometraje de esta adaptación. Lo considero lógico, pues es sencillo utilizar la fe y la religión en escenarios apocalípticos. El creador de esta versión para televisión es el danés Cristian Torpe, célebre en su país por las cuatro temporadas de “Rita”, una tragicomedia sobre una profesora con problemas en su vida personal. La ambientación es buena y la parte terrorífica con algunos monstruos saliendo de la niebla funciona, sobre todo una polilla asesina, que recuerda mucho algún crimen ideado por Thomas Harris, tanto en “El silencio de los corderos” como en “Hannibal”, y plasmado tanto en la cinta de Jonathan Demme y, sobre todo, en la serie de Bryan Fuller . Lástima que esos buenos momentos se disipen con muchas conversaciones aburridas debatiendo sobre el bien y el mal o sobre lo que se ha tenido y se ha perdido. Más interesante es comprobar la evolución de “la masa” y cómo puede alguien normal convertirse en un ser despreciable y lleno de odio, integrando jurados populares que solo llevan a farsas para acabar con el que no piensa como el grupo. La lógica abyecta e implacable del “Calígula” de Albert Camus.

Las interpretaciones mantienen ese tono irregular que tiñe el serial, tanto Morgan Spector como, la “Reina Aslaug” en “Vikingos”, Alyssa Sutherland no tienen la suficiente química entre ellos y en el caso de la australiana parece un decorativo florero en algún capítulo, que son mejorados por dos personajes ambiguos y misteriosos, como son el Adrian de Russell Posner y la Sra. Carmody de Frances Conroy, con un papel igual de extraño como el de “American Horror Story”, donde en muchas de sus temporadas brillaba con luz propia. Confiemos que en próximos años decidan quedarse con lo bueno; la ambientación, ciertos personajes, la propia niebla y los monstruos y terrores que arroja, dejando el melodrama en el “cajón del olvido”. Lo que la niebla se llevó.

Sobre el autor

Cinéfilo y cinéfago, lector voraz, amante del rock y la ópera y ensayista y documentalista con escaso éxito que intenta exortizar sus demonios interiores en su blog personal su blog el curioso observador

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