SIETE DESEOS – John R. Leonetti

Publicado el 05/08/2017 | por José Luis Díez | Cine
Valoración
40

A pesar de tener un par de películas firmadas como realizador, muy flojas, eso sí, como “Mortal Kombat: Aniquilación” y “El efecto mariposa 2”, el “espaldarazo” definitivo le llegó hace con unos años con “Annabelle”, que sin ser más que un “spin off” digno de “Expediente Warren” le consagró como nombre a tener en cuenta visto el rédito económico que se obtuvo con la cinta que en breve llega a nuestras pantallas su continuación. Y no es casual que el que firmase el largometraje fuese John R. Leonetti, pues “Annabelle” era una producción de James Wan, y el autor de “Saw” siempre ha dado oportunidad a sus colaboradores como sucedió con su guionista Leigh Whannel que realizó su “opera prima” con “Insidious: Capítulo 3” y John R. Leonetti fue director de fotografía en las dos primeras partes de la franquicia y hombre de confianza de Wan en este apartado desde “Silencio desde el mal” hasta la primera parte de las desventuras del matrimonio Warren.

Ahora fuera del influjo del taiwanés intenta proseguir su carrera en solitario dentro del género de terror. Y lo hace con una película destinada al público adolescente que no pretende reinventar el cine, sino solo construir un entretenimiento ligero para combatir los calores estivales. El guion, obra de Barbara Marshall, es sencillo a más no poder: una joven no muy popular en el instituto encuentra una extraña caja de música que ofrece siete deseos, aunque cada vez que se pide uno, alguien cercano muere. Cuando se da cuenta de la situación se ha vertido demasiada sangre y es complicado parar la rueda. La gracia, como es obvio, son los crímenes, donde las deidades malignas idean todo tipo de imaginativos accidentes que acaban con cuellos partidos, golpes de motosierra, ojos inscrustados en esculturas y lindezas similares, muy en la linea de “Destino final”, donde “la parca” también reservaba mortales sorpresas que lo único que pretendía era epatar al espectador. Y hay que decir que algunas muertes son originales y mantienen el suspense pero, por desgracia, el resto del metraje no deja de ser una colección de tópicos y muy difícil de defender para alguien adulto, aunque recordamos que su público objetivo es el adolescente. Y ahí es donde me albergó la tristeza, pues lo que pudimos ver fue un retrato de la sociedad actual, donde todo gira en torno a las redes sociales, popularidad y competición, por tener el novio más guapo, las amigas más “cool”, más amigos o contactos en los vídeos que se cuelgan y donde todo se graba con los teléfonos inteligentes, empatizando nada con sus compañeros de colegio y, mucho menos, ayudándoles. En este caso los “bichos raros” no lo son por tener buenas notas o ser brillantes, sino por ser de una mediocridad que intentan dejar atrás, obnubilados por los cretinos que les hacen la vida imposible pero a los que admiran. Todo muy triste. Y eso se refleja en los deseos que pide la joven protagonista; de una superficialidad que asusta, basados en no ser avergonzada, tener una fortuna y al chico más atractivo. Según lo veíamos, una pequeña desazón nos albergaba. Nos hubiese gustado ver la reacción de la gente joven al salir del largometraje pero nos encontrábamos solos en la sala, cosa que cada vez es más habitual en los multicines donde suelo ver los estrenos.

De hecho, estos pensamientos escritos “a vuelapluma” pensamos que dan más terror que el argumento del filme, que, por otro lado, no creo que asuste a nadie, pues el miedo no es su punto fuerte, más basado en que los asesinatos sean “resultones”, aunque tampoco haya demasiada sangre, pues se nota el bajo presupuesto. Lo que sucedía con buena parte del “gore” italiano donde el miedo quedaba supeditado a lo espectacular de los crímenes, aunque ahí si había sangre por doquier… y vísceras, ojos fuera de su sitio y lindezas por estilo.

Sobre el autor

Cinéfilo y cinéfago, lector voraz, amante del rock y la ópera y ensayista y documentalista con escaso éxito que intenta exortizar sus demonios interiores en su blog personal su blog el curioso observador

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