Crónica de la primera edición del DOWNLOAD FESTIVAL MADRID, Junio 2017

Publicado el 26/06/2017 | por José Luis Díez | Conciertos

Primera edición de la célebre franquicia británica en España. Este Download será recordado por el cambio sufrido en los festivales de rock, que no nos engañemos suelen ser bastante incómodos. Un recinto magnífico, amplio, situado en los alrededores de la “Caja Mágica”, cubierto en su casi totalidad por una alfombra de césped artificial, barras y restauración con personal suficiente para no esperar, baños limpios y bien provistos (hasta con lavabo con desinfectante). Incluso la organización se dio cuenta de su error y a partir del segundo día se podía entrar al festival con agua embotellada. De los escenarios solo se puede hablar cosas positivas, grandes y con buen sonido. Cuatro, repartidos por la extensión del terreno pero que se podía llegar en menos de cinco minutos entre los más distantes. Normal que durante los tres días el aspecto de este Download Madrid fuese inmejorable.

JUEVES 22 DE JUNIO

Tras superar un problema de seguridad en el acceso, lo que generó una enorme cola, llegamos muy justos a la actuación de InMune, la nueva banda de Morti, muy en su línea con esa forma suya tan peculiar de cantar, vocalizando a la perfección cada sílaba y creando un metal que funciona. De cuarto escenario pasamos al tercero para ver las evoluciones de Kaothic, banda de metal progresivo liderada por el excelso Alberto Marín, uno de esos guitarristas tocados por una “varita mágica”. Nos lo recomendó un miembro del “staff” de la revista como Sergio Bixo, que hace poco les vio en directo y no se equivocó. Este “Lights and shadows” es uno de los trabajos más importantes dentro del rock patrio. La primera banda foránea eran los británicos Black Peaks, grupo de rock con toques de progresivo y al que vimos influencias de Muse. Nos gustaron y se vio que el cuarteto puede tocar en distintos tipos de festival, no solo de metal.

El primer concierto en el escenario principal fue el de los estadounidenses A day to remember, a los que vi hace un par de años en el Download de Donington Park. Como en aquella ocasión, su metalcore no me termina de convencer aunque cada vez tienen mayor número de adeptos. Desde su gran éxito “All i want” repasaron su trayectoria en cincuenta minutos, desde “The downfall of us all”, “2nd sucks” o “Have faith in me” hasta su último larga duración “Bad vibrations” con temas como “Paranoia” o “Exposed”. De allí pasamos al segundo escenario y la potencia hip hop de unos clásicos como House of pain, divertidos en sus cuarenta y cinco minutos que acabaron con su “one hit wonder” “Jump around”, que como curiosidad también interpretaron el tercer día Prophets of Rage. Una incógnita era saber las evoluciones de Five finger death punch sin Ivan Moody pero ha sabido ser sustituido por Tommy Vext. Su “Groove metal” suena mejor en disco, pues en directo son sólidos pero adolece de demasiados parones aunque temas como “Burn mf”, “Coming down” o “Jeckyll and Hyde” son colosales. Versión estupenda de “Bad company” y el acústico de “Wrong side of heaven” fue mejorable. Aprovechando para tomar algo fuimos al “Stage 3” a ver que deparaban las evoluciones de Motionless in White, metal gótico con toques industriales a lo Marilyn Manson o Rob Zombie, bien en su puesta en escena, jugando con el satanismo y el terror en cortes como “Break the cycle”, “Rats” o “Inmaculate disconception”. Fueron la sorpresa del día aunque su lunar fue llevar las bases del sintetizador grabadas, costumbre que me resulta inadmisible. Con Linkin Park sucedió una curiosidad, pues la gente vibraba con los temas del “Meteora” o “Hybrid theory” y acababan desconcertados con su material nuevo como dos perfectas canciones pop como “Heavy” (que encima fue uno de los bises) o “Good goodbye”, aunque la catarsis llegaba con “Braking the habit”, “Somewhere i belong”, “Numb” o “In the end”. Luces y sombras para los de Chester Bennington, que se pasó todo el concierto descamisado y con una bandera de España detrás con el emblema de la banda. Monster Magnet dio toda una lección de stoner rock, capitaneados por el peculiar Dave Wyndorf. Ante temas como “Powertrip”, “Tractor” o el “Space lord” con el que cerraron  su hora de actuación demostraron ser uno de los nombres importantes de este género musical. Y como colofón un trío de envergadura, el encabezado por Oli Brown llamado Raveneye, que hace unos años maravillaron en sendos directos en La Isla del Blues de San Fernando y el extinto Serie Z de Jerez de la Frontera y que vi por última vez el pasado año en el Azkena Rock. Cruce entre Jimmy Hendrix y el rock más clásico, Brown no para un segundo quieto y ha mejorado mucho la voz, junto con sus alardes de tocar encima de la batería, de los amplificadores o subido a los hombros de su bajista. Un fin de fiesta magistral.

VIERNES 23

En mi opinión era el “día gordo” y pronto comenzaron las hostilidades con la descarga de Myrath a ritmo de “Believer”. Los tunecinos ganaron muchos adeptos con su metal progresivo con una clara influencia de la música de su tierra norteafricana. Fantásticos y con temas destacados como “Madness” o “Beyond the stars”. Tras ellos tocaba reponer fuerzas hasta poder degustar a Triggerfinger, curioso trio belga que me maravilló hace unos años en una actuación de madrugada en un Azkena Rock. Esta vez no sonaron tan bien, no tocaron mi canción favorita “Let it ride” pero su “stoner rock” sigue siendo atractivo y su puesta en escena, todos trajeados, resulta divertida. Opeth demostraron la fácil unión entre el progresivo y el death melódico, en una hora para “degustadores” y paladares exigentes desde el “Sorceress” inicial que llegaban a presentar. Los de Mikael Akerfelt están en muy buena forma y la oscuridad se cernía bajo el tórrido sol que todavía abrasaba a las 20.30 horas pero eclipsado ante genialidades como “Ghost of perdition” o “Deliverance”. Y de una maravilla a otra pues The Cult hicieron uno de los conciertos del festival, con un Billy Duffy en estado de gracia y un Ian Astbury mejor de forma física que las últimas veces que le había visto, aunque con su estupendo timbre de voz. Un “set list” apabullante que comenzó a ritmo de “Wild flower” y donde no faltaron “Rain”, “She sells sanctuary” o “Fire woman”. Otro directo inolvidable fue el de Mastodon con un listado de temas basado en su reciente “Emperor of sand”, aunque sin olvidar su genial “Blood mountain”. Los de Atlanta son unas bestias sobre el escenario y resultan de lo más potente que se puede ver en vivo. Lo dieron todo y la muchedumbre congregada acabó satisfecha. Son muchos los directos que he visto de ellos y cada vez mejoran uniendo una amplia gama de estilos musicales. Los que más gentío atrajo eran System of a down, aunque por fortuna pude encontrar un buen sitio lejos de los empujones de las primeras filas. La última vez que los vi fue en los Alpes suizos en el 2011, tras el extraño Festimad del 2005 (todavía algunos recordamos esa actuación a las 4 de la madrugada y Prodigy al amanecer). Repaso a sus cinco discos de estudio, clásicos atemporales, casi treinta canciones, un Serj Tarkian excelso, acompañado al buen hacer de Daron Malakian y la poderosa base rítmica de Shavo Odajian y John Dolmayan. Y que se puede decir de temas como “Aerials”, “Chop suey”, “B.Y.O.B”, “Toxicity” o el “Sugar” con el que cerraron una hora y cuarenta minutos para el recuerdo. Tras los estadounidenses acabamos con “Brujeria” pero agotado como estaba, su “grindcore” acabó por rematarme tras tantos y tan buenos conciertos.

SÁBADO 24

Llegamos al escenario 2 antes de la lección de clase que dieron Solstafir, una banda islandesa de metal progresivo que en sus cuarenta y cinco minutos demostraron ser un combo excelente y dejaron ganas de más, aunque creo que donde se pueden aprovechar más son en sala. Temas muy largos (de unos diez minutos) por lo que, con diferencia, fueron los que menos canciones interpretaron. De ahí al principal para ver a Iced earth, casi seguro la banda de heavy metal más clásico de cuantas pudimos ver. La última vez que disfrutamos de ellos en un escenario fue de teloneros de Volbeat, hace unos años y de la formación original queda solo Jon Schaffer. Lastrados por un sonido mejorable y por un público poco animoso no calaron tanto como antaño pero siguen teniendo grandes “hits” como “Pure evil”, “Vengeance is mine” o el “Watching over me” con la que finalizaron. De ahí pudimos ver un rato de la actuación de Kvelertak que funcionaban bien con su mezcla de estilos, desde el garaje al death metal pero teníamos ganas de saber que podría ofrecer Phil Campbell and the bastard sons, donde el ex guitarrista de Motorhead se ha rodeado de sus tres hijos y el vocalista Neil Starr. Rock and roll de siempre, bien ejecutado y con temas tan estupendos como “Big mouth” (con la que abrieron), aunque el fin de fiesta fue apoteósico con un homenaje a Lemmy con obras maestras como “Born to raise hell”, “Ace of spades” y “Killed by death”. Sólidos como Ministry, donde Al Jourgensen se sigue rodeando de estupendos músicos para ofrecer el mejor metal industrial que uno pueda imaginar. Desde el “Psalm 69” con el que iniciaron, pasando por el “Antifa” (con escenas de pelea y guerras por la pantalla) hasta el final con “Thieves” o “So what” tuvieron al respetable extasiado. Música electrónica que convenció más que In flames, ahora que parecen haber dejado definitivamente el death metal y donde pudimos ver a un Anders Fridén limitado de voz. Prophets of rage llegaban como el grupo grande de esta tercera jornada y a fe que lo consiguieron desde el tema que da nombre a la banda, una versión del clásico de Public enemy aunque los momentos de éxtasis llegaron con los cortes de Wilk, Commerfold y el excelso Tom Morello (¡qué manera de manejar la guitarra!) y es que nadie olvida que la base es Rage against the machine; “Bullet in the head”, “Know your enemy”, “Bull son parade” o el final con “Killing in the name” son ejemplos de ello. Hubo alguna versión de Cypress hill (“How i could just kill a man”) y de Public enemy (“Fight the power”, “Testify”) más y tanto B-Real como Chuck D intentaron agradar, sumados a los platos de DJ Lord. Hubo un sentido homenaje a Chris Cornell con el “Like a Stone” de Audioslave. Hora y media de deleite para los amantes del hip hop pero también del metal. Agotados, decidimos descansar en ese momento para prepararnos para ver a Avatar, un espectáculo visual donde se mezcla el death metal melódico con una puesta en escena inenarrable sacada de cualquier pesadilla cinematográfica de Rob Zombie. Un colofón a la altura del festival, terror y buenas melodías como “Paint me red”, “The Eagle has landed” o el final como “Smells like a freakshow”. Toda una declaración de intenciones.

Fotos que ilustran el texto son autoría de Oscar Amosa

Sobre el autor

Cinéfilo y cinéfago, lector voraz, amante del rock y la ópera y ensayista y documentalista con escaso éxito que intenta exortizar sus demonios interiores en su blog personal su blog el curioso observador

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