Elle

Publicado el 01/01/2017 | por Luis Cifer | Cine
Valoración
70

Corrosiva comedia negra con una enorme Isabelle Huppert.

El neerlandés Paul Verhoeven es un director singular. Siempre transgresor, su cine está tamizado por una fina ironía. Elle es su regreso tras diez años desde la excepcional El libro negro. Verhoeven estuvo por Hollywood (donde realizó en los 80 y 90 éxitos como Robocop, Show girls, Desafío total o Instinto básico) paseando el guión de Elle y mostrándoselo a estrellas como Nicole Kidman, Marion Cotillard, Diane Lane o Julianne Moore. Ninguna estuvo interesada en una historia así y ningún estudio la quiso financiar. Únicamente en Francia encontró Verhoeven interés por esta arriesgada propuesta. En un mundo en el que el riesgo está tan vetado como en Hollywood, su guión debió de parecerles una marcianada. Verhoeven se trasladó a Francia, adaptó el guión a la sociedad francesa. Incluso aprendió francés antes de empezar a rodar para que el idioma no fuera un problema a la hora de entenderse con los actores. Eso es implicación y lo demás son chorradas.

Al grano. Elle es una comedia negra, negrísima, tanto que muy probablemente los espectadores no le vean la gracia. Una vez más Verhoeven juega con los estereotipos fijados en la mente del público y decide huir de ellos. La sátira y el sarcasmo están servidos. Elle es la historia de Michèle, una mujer que es asaltada en su casa y sufre una agresión sexual pero decide que ello no va a modificar su rutina. La escena de la bañera sirve perfectamente para ilustrar este punto. Para interpretar  a una mujer así de determinada y segura de sí misma Verhoeven necesitaba a una actriz muy especial e Isabelle Huppert definitivamente lo es. Puede que Huppert sea una diva insoportable, corren jugosas anécdotas acerca de su divismo, pero es una actriz magnífica. Casi podría pensarse que fue una suerte que las estiradillas de Hollywood no aceptaran el papel.  Quizás Huppert sea la única actriz capaz de hacer creíble un personaje tan extremo de forma convincente. Algo que ya logró en La pianista de Michael Haneke, film con el que Elle tiene alguna similitud. Como si de Luis Buñuel se tratara, el dramático punto de partida de Elle le sirve a Verhoeven para sacar a flote las miserias de la alta sociedad. De hecho, en Elle Verhoeven está mucho más cerca de Buñuel y Haneke que de su cine en Hollywood. Verhoeven toma un punto de vista distante exento de trucos o sentimentalismos, nos narra la acción de forma aséptica, pulcra, casi sin involucrarse emocionalmente para que el espectador saque sus propias conclusiones. Mientras Michèle va disparando balas en forma de frases como “La vergüenza nunca nos impide hacer lo que realmente queremos” nos damos cuenta de que el film versa sobre los roles sociales y cómo los vamos aceptando hasta que llega un punto en el que nos importa un bledo lo que opinen los demás y preferimos satisfacer nuestros deseos. Sé que suena confuso y profundo. Lo es.

Siempre con un toque de sarcasmo, Verhoeven va desgranando todos los aspectos de la vida de esta mujer.  Más que un thriller de venganza, Verhoeven convierte su film en una corrosiva radiografía de la sociedad europea. Las relaciones de Michèle con sus familiares y amigos no pueden ser más singulares. Desde las relaciones con su madre (obsesionada por parecer joven ) y su padre (un psicópata encarcelado) a su ex marido o su amante, el mundo de la protagonista parece carecer de toda moral. Tampoco la relación con su hijo y su nuera se puede calificar de ideal (la escena del hospital es el primer indicio de que estamos ante una ácida comedia). En Elle no hay absolutos, todo es relativo. No hay villanos ni héroes. En la vida tampoco. Los villanos no lo son a tiempo completo, tampoco los héroes. Hay personas que cometen puntualmente actos terribles mientras pueden actuar como buenas personas el resto del tiempo. Ello no significa que no merezcan un castigo. En Elle, casi todos los personajes ocultan algo. Quizás el único que no oculte nada sea el hijo de Michèle y por ello, en su absoluta inocencia, nos parezca un completo idiota.

La agresión será para Michèle una catarsis. Tras la agresión, Michèle va derribando una a una todas las máscaras sociales que portan ella misma y los que la rodean. Sus actos, a veces difíciles de creer para el espectador, dinamitarán los roles sociales de su entorno. Se acabaron las mentiras y los secretos. Caiga quien caiga. Michèle dará rienda suelta a sus peculiares deseos.

Como en toda crítica social, el espectador debe verse reflejado en algún momento. La brutal agresión a Michèle es observada por su gato como si tal cosa. El primer plano del gato mirando viene a ser una metáfora del espectador, que abre los ojos recibiendo imágenes violentas pero no hace nada al respecto. Michèle incluso le llega a recriminar al gato que podría haber hecho algo por ayudarla en vez de quedarse mirando. Quizás el gato esté acostumbrado y la agresión del inicio del film no sea la primera. Tampoco podemos pensar que es casual que Michèle sea la directora de una empresa de animación de violentos videojuegos en los que las mujeres son agredidas sexualmente. La extrema violencia en los videojuegos puede llevar a vanalizarla. Así mismo, la representación de las mujeres como objetos meros sexuales puede llegar a traspasar la pantalla y crear una imagen distorsionada de la realidad. Pero Michèle trabaja haciendo todo eso y no se siente culpable por ello cuando es atacada. El espectador ata cabos, o debería de hacerlo, pero Michèle, tan segura de sí misma, no se reconoce como una víctima de la violencia. De hecho, Michèle no se ve nunca como una víctima. Toma el control de todas sus relaciones (afectivas o profesionales) y las conduce hacia donde ella quiere.

De entre los múltiples aspectos que creo merecen un comentario, está el hecho de que la protagonista no denuncia la violación. Es como si ella sumiera su culpa por unos hechos ocurridos cuando era niña y por los que su padre fue condenado judicialmente pero ella lo fue socialmente. Los medios la juzgaron al publicar una foto y buena parte de la sociedad la condenó. El poder de los medios de comunicación es un arma de doble filo. ¿La protagonista no denuncia para no volver a estar expuesta al juicio de la sociedad? De ser así, la agresión sería doble para ella, no solo es una agresión física sino que la condena a vivirlo en la intimidad sin que la justicia pueda hacer nada.

Todo en este puzzle parece ir cobrando sentido conforme avanza. De los casi imperceptibles pero contundentes ataques no se salvan ni la religión. Puede que una vez el espectador haya acabado el puzzle no le acabe de convencer el resultado pero el proceso a mí me resultó absorbente.

Elle es una película perversa, para nada convencional. Probablemente estemos ante el film más provocador e irreverente desde el ya lejano Crash de David Cronenberg.

 

Sobre el autor

Luis Cifer, nació en la ciudad del viento en el seno de una familia de joteros aunque nunca le interesó la Jota. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real, que no duerme apenas y que no sabe leer la hora. Otros dicen que tiene un trabajo decente e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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