Old boy (2003)

Publicado el 30/09/2016 | por Luis Cifer | Cine, Opinión
Valoración
80

Brutal.

OldboyHoy toca hablar de una de las películas más impactantes e intensas que he visto, Old boy. El director surcoreano Park Chan-wook causó un gran impacto con esta película en Cannes, tanto que hasta la dieron La Palma de oro.

Old boy es una adaptación del exitoso manga japonés de mismo título. Así pues, la violencia y la venganza están aseguradas. Tras Sympathy for Mr Vengeance, Park Chan-wook dirigió esta inolvidable cinta que se convirtió en la segunda parte de su trilogía sobre la venganza. Ciertamente, Old boy adolece de todos los males evidentes del cine coreano (excesos de todo tipo) pero aporta la suficiente savia nueva como para que valga la pena. Old boy, fue polémica en su día por su violencia desmedida. Incluso se creó un culto en torno a ella que se acrecentó cuando sirvió de inspiración a un loco que se hizo fotos con un martillo imitando al protagonista justo antes de cometer una masacre en una universidad norteamericana. El cine puede y debe servir de catarsis de la violencia, pero nunca se sabe cómo va a afectar a una mente enferma. Los millones de espectadores que han visto Old boy no se han lanzado a realizar masacres indiscriminadamente, el problema estaba en la mente del perturbado, no en la película. Lo cual no evitó la polémica.
Oldboy es un film desmesurado en todas sus virtudes y todos sus defectos: innovador, cautivador, aburrido por momentos, demasiado largo, irregular, brutal y sin contemplaciones. Una historia muy dura sobre un hombre que es encerrado en un piso durante 15 años sin saber el motivo ni quién lo ha hecho. Cuando consiga salir, la venganza será su único objetivo. Old boy me conmocionó bastante cuando la vi. La escena del pulpo me parece de las más repulsivas que recuerdo. Otras escenas como la del ático no se me olvidarán en la vida. Vaya un clímax para un fin. Realmente desolador. Sin embargo, para muchos aficionados una de las escenas más recordadas de Old boy es la pelea del pasillo.

Park Chan-wook lleva el cine al extremo. Nada de medias tintas. El tipo es tan osado que deja a Tarantino como un mero aprendiz en pantalones cortos. Cuando se pone violento parece no tener límites y cuando retuerce las situaciones tampoco conoce barreras. Chan-wook mezcla géneros sin ningún complejo y los lleva hasta los límites de lo soportable por el espectador. Pero todo ello no tendría demasiado mérito si no estuviera rodado con una exquisita maestría y un prodigioso sentido del ritmo. Old boy te atrapa desde el primer momento y te obliga a seguir mirando. Se hace imposible apartar la mirada por muy cruentas que sean las imágenes. Tenemos que saber qué demonios ha pasado y cómo acabará está singular venganza. Necesitamos respuestas tanto o más que el protagonista. Sabemos que la verdad es algo terrible pero no podemos dejar de investigar. Así es la fascinación que este film puede provocar en el espectador. Da igual lo profunda que sea esta espiral hacia el infierno, queremos ver cómo el protagonista se va hundiendo más y más.

Old boy se puede interpretar como una actualización de El conde de Montecristo, sin embargo ese particular sentido del destino y de la venganza la emparentan con las tragedias griegas, Freud o la obra de Shakespeare. Old boy es toda una experiencia para el espectador, quizás no tanto por la violencia física sino más bien por la emocional. Hemos visto en pantalla muchas escenas de peleas rodadas de mil maneras, pero pocas veces hemos visto la total humillación de una persona. Lo cual nos lleva a pensar si este singular film tiene mensaje, sí lo tiene. A pesar de todos los tipos de violencia que muestra, creo que el film nos lleva a pensar que realmente la violencia y la venganza no llevan a nada bueno. Es una interpretación personal, desde luego.

Por cierto, una década después los yanquis hicieron su propio remake, bastante edulcorado y bajo la dirección del otrora gran director Spike Lee venido a menos. Ni que decir que no le llegó ni a la suela de los zapatos.

 

Sobre el autor

Luis Cifer, nació en la ciudad del viento en el seno de una familia de joteros aunque nunca le interesó la Jota. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real, que no duerme apenas y que no sabe leer la hora. Otros dicen que tiene un trabajo decente e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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