FEMINISMO Y ROCK, Capítulo V (III): Tori Amos y Montreaux

Publicado el 29/06/2016 | por Alex Palahniuk | Especiales

tor4Tori Amos nació en el Estado de Carolina del Norte en el seno de una familia profundamente cristiana –de hecho, su padre era reverendo-, pero pronto se desmarcó de la influencia familiar, para poder llevar a cabo uno de sus grandes sueños: ser una compositora e intérprete de prestigio. Después de unos años ochenta en los que la norteamericana, como prácticamente, la gran mayoría de jóvenes de su generación, se dejó llevar por el Synthpop de Modern Talking, Ultravox o Devo, decidió dar un vuelco a su carrera profesional desarrollando su carrera como solista y amalgamando la canción de autor, el Rock alternativo y, sobre todo, los sonidos experimentales. Con la edición de su aclamado Little Earthquakes en el año 1992 y su fantástica acogida en todo el globo, Amos fue invitada a actuar en Montreaux. La villa suiza, la misma que en los sesenta y setenta alumbró a toda una ingente cantidad de estrellas como Etta James, Deep Purple, B.B King o a los  Stray Cats, entre otros, fue el escenario del primer gran punto de inflexión de su carrera.

Amos era dulce y de aspecto angelical. Se había pasado gran parte de su vida buceando entre los estantes de las librerías de su Estado natal en la búsqueda de algún libro que reconfortase un corazón tangencialmente melancólico como el suyo. Su pose, su forma de actuar, recordaba mucho a las intérpretes de los años sesenta. Al igual que Joni Mitchell, hizo del pudor una especie de necesidad: un pertrecho y una forma de enmascarar la agudeza de una melancolía que la enardecía. La norteamericana, siempre pendiente de la evolución de la mujer, se impregnó del catecismo de las feministas francesas, acompañándolas de sus  contingencias emocionales. Desde su adolescencia siempre mostró interés por todo lo que acontecía en su entorno, tomando notas mentales que luego reproduciría en bellas composiciones; y de esa personalidad tan sumamente analítica, de espeleóloga musical, saldrían auténticas obras maestras como sus dos incontestables recitales en Montreaux.

De aquellos dos conciertos celebrados los días tres y siete de julio de 1992, dejando de lado la poderosa e incuestionable ejecución técnica, lo que resalta es el enorme talento por parte de la norteamericana para captar no sólo sus propios sentimientos, sino también los de su público, transfiriéndolos de su alma al piano y a la voz. Todo espíritu melancólico, aunque reúna en su espíritu las ganas de luchar, nunca consigue del todo sustraerse al influjo de todos los malos recuerdos: Silent All These Years, Leather y Little Earthquakes son el ejemplo de ello. Hielan el corazón con la sinceridad que emana de las notas de su piano. Con los ojos cerrados o, en su defecto, con la mirada perdida en el horizonte, Tori narra la historia de su vida. En estos cortes se citan la soledad y la depreciación de los recuerdos de su juventud. Arrancada de los demonios que poblaban su corazón, su memoria ejerce un papel fundamental, haciendo de los cortes citados y de otros como Winter, algo sensual y místico por momentos. Del mismo modo que un también transido Jeff Buckley conmovió los corazones de todo el mundo cuando en el homenaje a su padre, a modo de catarsis, versionó sus canciones, provocando los aplausos y las lágrimas del respetable, con Amos sucede lo mismo: la comunicación entre público y artista, muchas veces, circunscrita sólo a las cortesías formales y a las pequeñas introducciones, resaltan la intimidad y la sensación de recogimiento que poseen los espíritus melancólicos.

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En el segundo párrafo servidor hablaba del pensamiento de Tori. Hicimos referencia a su talante y forma de ver el mundo y los derechos de la mujer. A diferencia de muchas de sus compañeras de generación, supo jugar con los aspectos más íntimos de su vida con una mezcla de voluptuosidad y recato. Entendió y protocolizó a la perfección en canciones momentos delicados de su vida como, por ejemplo, el intento de violación que sufrió a punta de pistola y que plasmó a la perfección en una composición que, durante años, habría de ser el himno de millones de mujeres que vivieron, viven y vivirán, desgraciadamente, situaciones idénticas o similares y que encuentran en Me And A Gun la voz que les aplaca y al mismo tiempo sacude conciencias. Tori Amos cartografió el feminismo de su generación en su forma de diseccionar la sociedad como si de una periodista se tratase: quiso conocer los testimonios de mujeres víctimas de malos tratos, agresiones sexuales y vejaciones sufridas por parte de sus parejas. Era la idea de unión que con tanto énfasis preconizaron algunas teóricas del movimiento como Kate Millet o Germaine Greer.

El  debate ya no era la mujer como estudio individual. Éstas habían sido capaces de dejar de lado las cuestiones relativas al “yo” para centrarse en el “nosotras”. En los años noventa la institucionalización de los derechos de la mujer en Occidente ayudó al fomento de numerosos centros en los que éstas hablaban de sus experiencias y recibían asesoramiento en lo concerniente a su vida personal y laboral por parte de trabajadores sociales. Tori, al igual que muchas mujeres de su generación, radiografió a la perfección el sentir de un colectivo que afrontaba el final de la década como una especie de ensayo, de manual de instrucciones, para un siglo XXI que se presentaba prometedor, al menos en comparación con décadas anteriores. En su directo en Montreaux, Precious Thing o Happy Phantom hablan de las bondades de volver a empezar, de ese Hoy es siempre todavía que el poeta Antonio Machado expresó en uno de sus poemas. Del mismo modo que es imposible explicar las carreras de Joplin, Patti Smith o Debbie Harry sin sus actuaciones en Monterrey y en el club CBGB, lo mismo sucede con estos directos en la ciudad de Montreaux en el caso de Tori Amos. En el embrujo bucólico de una pequeña localidad suiza en la que un Freddie Mercury vivió sus últimos días, Tori Amos grabó con letras doradas el inicio de una meritoria y sensacional carrera.

Sobre el autor

Veinticuatro años. Estudiante de Derecho, amante de la música, la literatura, el ensayo y apasionado de la escritura.

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Una respuesta a FEMINISMO Y ROCK, Capítulo V (III): Tori Amos y Montreaux

  1. Fer Birkin dijo:

    Magnífico artículo 😀 me alegra mucho ver artículos en castellano sobre Tori, escasean.

    Por si te interesa: la plataforma Cooncert está buscando interesados en un concierto en España de Tori Amos, tienes la información aquí: http://www.cooncert.com/es/705-tori-amos

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