Hold the door o el crimen del doblaje

Publicado el 26/05/2016 | por Luis Cifer | Cine, Noticias, Opinión

hodor hold the door game of thronesEl final del episodio quinto de la sexta temporada de Juego de tronos me reafirma en mi creencia en contra del doblaje. El final de episodio tiene sentido en su idioma original, la frase Hold the door se transforma (por motivos que no voy a desvelar por si alguien todavía no lo sabe) en Hodor. Pero en castellano no hay manera de hacer que el nombre del personaje provenga de ninguna frase que signifique lo mismo. La verdad es que no me hubiera gustado verme en la tesitura del equipo de traducción y doblaje al castellano. Menudo marrón. Han optado por la única opción posible y que se ajustara a los movimientos. Pero no es la original. De hecho, en mi humilde opinión, es un grave error ver Juego de tronos (o cualquier otra serie o película) doblado a un idioma que no sea el original. Las voces y la dicción de los actores de Juego de tronos (muchos de ellos británicos) la hacen muy recomendable para perfeccionar la lengua de Shakespeare o simplemente disfrutar de unos diálogos tal y como han sido concebidos.

El doblaje es en cierta medida un crimen artístico. Así de claro. El doblaje es la desnaturalización de un arte (la interpretación en este caso) para hacerlo más asequible al gran público. Hagamos memoria. Cuando nació el cine no hacía falta doblaje a ningún idioma, era mudo y no había voces. Como mucho había que traducir los carteles que explicaban la trama o algunas líneas de diálogo que, obviamente, no era posible escuchar. La cosa se complicó con la llegada del sonoro. El pianista de la sala debió buscarse trabajo en algún cabaret y las grandes productoras hollywoodienses pensaron que lo mejor era que los propios actores rodaran las mismas escenas en varios idiomas. La mayoría del metraje era mudo, ya que se tiraba mucho de gags visuales y divertidas persecuciones. Algunas estrellas con Lauren y Hardy rodaban los textos en varios idiomas aunque no supieran lo que decían y su acento fuera atroz. Así se explica que El gordo y el flaco hablaran un castellano tan peculiar, no sabían lo que decían, se lo aprendían fonéticamente y listo. No fue la mejor solución pero, al menos, eran las voces de los actores originales.

Otra solución a la globalización del cine de Hollywood fue la de rodar diferentes versiones de un mismo film para los distintos mercados. Los actores eran otros pero los decorados y las cámaras eran los mismos. Sirva como ejemplo el célebre Drácula (1931) rodado en castellano a la par que el de Tod Browning con Bela Lugosi. Browning rodaba de día con los actores para el mercado norteamericano y cuando el equipo yanqui se iba a dormir tomaba el relevo el equipo que rodaba el film en castellano con actores hispano parlantes. Así Hollywood tenía varias versiones del mismo film para poder venderlo a nivel mundial prácticamente por el mismo coste. Hay incluso quien piensa que el Drácula en castellano es superior al original debido a una mejor planificación, una mayor libertad creativa (los censores no debían de saber castellano) y a que el Drácula español (el cordobés Carlos Villarías) no iba tan colocado como Bela Lugosi. El doblaje acabó imponiéndose en nuestro país quizás debido a que la mayoría del público no podía leer con fluidez en la década de los 40. Así se instauró el reino del doblaje y con él la mutilación del noble arte de la interpretación. Sin embargo, en países de nuestro entorno no fue así y quizás sea un elemento para explicar el mayor nivel de idiomas respecto a nuestro país.

dracula-Villarías

Los espectadores del cine doblado se ven privados de buena parte de la interpretación original de los actores. Pensemos en las voces míticas de grandes actores españoles como Paco Rabal o Alfredo Landa ¿Te imaginas como suenan doblados a otro idioma? se pierde buena  parte de su trabajo. La voz es, junto con la expresión corporal, la única herramienta del actor. Privarnos de la voz de un actor es desvirtuar por completo el noble arte de la interpretación. Ya siento yo que Marcelo Mastroiani o Humpery Bogart no supieran hablar un espléndido castellano con una dicción perfecta. Pero doblar sus voces es un crimen que desvirtúa su trabajo. Por no hablar de los beneficios de los subtítulos para aprender o perfeccionar idiomas. Ya sé que al principio cuesta adaptarse a leer y ver el film a al vez, pero os aseguro que es posible.

Reconozco que los dobladores al castellano hacen una gran labor. Todo doblaje supone no solamente un ejercicio de traducción y adaptación a otro idioma sino también un trabajo de sincronización con los movimientos de la boca de los actores. En eso no puedo ponerles pegas a los dobladores españoles, son excelentes en su trabajo. Es la naturaleza de su trabajo lo que no me gusta, contra los actores de doblaje no tengo nada más que palabras de elogio. Incluso me atrevo a decir que algunas voces de doblaje mejoran al original. La voz de Ramón Langa doblando a Bruce Willis o la del inolvidable Constantino Romero doblando a Roger Moore o Darth Vader (por citar solo un par) me gustan más que las voces originales. También debo mencionar a Joan Pera y su magnífico trabajo doblando a Woody Allen, tanto que casi lo prefiero al original. Quizás se deba a que crecí escuchando las voces dobladas y cuando descubrí las originales me decepcionaron un poco, no tienen la sonoridad que yo pensaba. Doblar bien es un arte en sí mismo. Hay que transmitir muchos matices del personaje que van ligados a la voz (acento, pausas, sonidos guturales, risas, etc). Ya digo que el trabajo de los actores de doblaje españoles es excelente, sobre todo si lo comparamos con los doblajes de otros países, pero están desvirtuando el trabajo del actor original (incluso cuando lo mejoran).

Pero en la traducción de los textos nos encontramos con otro problema, hay giros, expresiones y dobles sentidos que no se pueden traducir de un idioma a otro. Simplemente no se puede, no basta con traducir un texto, hay que adaptarlo a unos términos que entienda el espectador que va a escuchar el texto doblado y encima debe cuadrar con el movimiento de los actores.  Se me ocurren decenas de ejemplos empezando por Mogambo (1953) y cuando el doblaje de la dictadura convirtió a un matrimonio en una pareja de hermanos debido a que le parecía mal que el matrimonio durmiera en la misma tienda. Parece ser que la censura veía mejor un incesto que una infidelidad. Vayamos a uno más reciente, en el film Up in the air (2009) una azafata le ofrece al personaje de George Clooney un refresco mientras la dice: Would you like a can, sir? la pronunciación de can y sir en el inglés original se asemejan mucho a la pronunciación de la palabra cancer (can, sir / cancer). Es como si le estuviera preguntando si quiere un cáncer. Así lo entiende el personaje de Clooney, quien se queda sorprendido por la pregunta. Ha malinterpretado las palabras de la azafata en inglés, la joven le repite la frase una vez más y entonces sí es entendida correctamente su frase. A la hora de traducir este fragmento del guión se perdió totalmente el sentido, no hay manera en castellano de que una pregunta sobre una lata (can) se confunda fonética mente con cancer. En el doblaje se optó por que la azafata le pregunte: ¿Quiere que le dé la lata? La cara de asombro de Clooney queda totalmente descontextualizada, no tiene sentido que se sorprenda cuando una azafata le pregunta si quiere que le dé la lata. Además, dar la lata es en castellano una expresión coloquial que viene a significar molestar a alguien y que en nada nos recuerda al cáncer. Así pues, el doblaje ha desvirtuado completamente el significado de la escena.

Volviendo a Juego de tronos, ni Déjalo cerrado ni Aguanta el portón tienen la pegada de un Hold the door ni sirven para explicar de forma satisfactoria el origen del nombre del personaje. Yo sigo apostando siempre por la versión original.

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Sobre el autor

Luis Cifer, nació en la ciudad del viento en el seno de una familia de joteros aunque nunca le interesó la Jota. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real, que no duerme apenas y que no sabe leer la hora. Otros dicen que tiene un trabajo decente e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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Una respuesta a Hold the door o el crimen del doblaje

  1. Salvador Fernández dijo:

    Meera grita: NO HAY DOLOR
    “No hay dolor”
    “No…dolor”
    “No dor”
    “Hodor”

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