Crónica de SLAYER + ANTHRAX + KVELERTAK en Londres, en el O2 Academy Brixton

Publicado el 08/12/2015 | por Lolo García | Conciertos

slYa es puntería poner un concierto un lunes, y más grave es el asunto si se trata de un recital de tamaño calibre thrashero como puede ser juntar bajo un mismo techo a dos bestias pardas como Slayer y Anthrax, que ahí es nada. Por otra parte y, echándole optimismo al asunto, semejante evento era lo mejor que podía pasarle a un lunes cualquiera, que a veces en Londres son más lunes que otros lunes que he conocido, así que nada, al salir del curro me fui corriendo para el metro rumbo al O2 Academy de Brixton (otrora conocido simplemente como Brixton Academy), donde se reunían metaleros del más diferente pelaje y ralea, destacando, por cierto, un gran número de cráneos pelados y barbas lustrosas, entre los que se cuenta un servidor. Tanto era así que si me crucé con Kerry King o Scott Ian, jamás lo habría podido averiguar.

No obstante, una vez dentro pude comprobar lo variopinto del público, que abarcaba un espectro tan heterogéneo donde se podía ver al jevi más decadente, pasando por el chaval con sudadera bastante limpia y nueva hasta padres de familia con los niños y todo. Un panorama muy singular, vaya. Al final, la sala se llenó bastante, diría que casi por completo, y quizás por eso tuvimos que esperar un poco hasta que repartieran el primer plato…

KVELERTAK

Sale al escenario un tío medio desnudo con un casco que parece hecho a partir de un búho disecado con ojos flameantes y resulta que es el frontman de  estos noruegos que se encargaron de abrir el show con un metal bastante bien ejecutado (tres guitarras muy bien conjuntadas), oscuro y muy retorcido a veces. Una cosa muy noruega, vaya. Seguro que más de uno me entendéis.

Pese a la longitud de sus temas, la acogida fue buena y aunque personalmente se me hicieron un poco pesados en su tramo final, estuvieron más que aceptables. Desconocidos casi por completo para mí, siendo ese “casi” el tema que aportaron a la banda sonora de la interesante película noruega Troll Hunter, fueron una nota algo exótica y simpática que cumplió como calentamiento para lo que se nos venía encima.

ANTHRAX

Empecé su actuación casi como la terminé: en pie. Lo de estos tíos es demasiado. No, en serio. En pocos conciertos he sentido lo que me hicieron pasar estos bestiajos. ” Caught in a Mosh” ya nos dejó claro de qué iba a ir el asunto, “Got The Time” y “Antisocial” lo confirmaron y en ese plan se movió un show sobresaliente, quizás ligeramente empañado, a mi parecer, por unas pausas entre temas bastante aparatosas, aunque en algunos casos consiguieran unirnos en un homenaje que precedió a “In The End”.

Si hay una virtud que destacaría de cualquier grupo es la de pasárselo tan bien en el escenario que acabe desbordando y contagiando hasta la última fila del respetable público, y a fe mía que lo hicieron, gracias sobre todo a un soberbio Joey Belladonna, que tenía más energía que sus socios Scott Ian y Frank Bello, que no es que estuvieran parados precisamente. Qué lástima que tras unos magníficos Indians y Among The Living no hubieran seguido tocando una hora más, o dos. Creo que en pocos conciertos me han dolido tanto las manos de aplaudir y el cuello de hacer el cafre. ¡Enormes estos Anthrax!

SLAYER

No os aburriré con razones ni detalles, que por otra parte no creo que os importe, pero nunca había visto a Slayer antes. Sí, culpable. Otra razón para no perderme esta cita y saldar esa cuenta pendiente. Con todo esto presente, debo decir que tampoco me esperaba grandes sorpresas, bien por años y años de vídeos o por referencias de gente cercana, pero ni las hubo ni las pedí. Desde que cayó el telón, Slayer empezó a escupir temas uno tras otro con escasas o nulas presentaciones, impecablemente ejecutados, tan sobrios como rabiosos. No es que me pareciera malo en absoluto, pero desde luego es algo inusual, tanto como el contraste con un público convertido en un gigantesco mosh pit, a excepción de los que estábamos en butacas, que nos quedamos sin cuello igualmente.

En otros conciertos la gente tira cosas al escenario: ropa interior, vasos, banderas… aquí tiraban gente. El personal de seguridad no daba abasto ante la cantidad de gente que llevaban en brazos hasta el escenario y que luego tenían que mandar de vuelta al populacho con una paciencia estoica mientras Araya y los suyos seguían al asalto desgranando gran parte del interesantísimo Repentless.

Un feroz “War Ensemble” consiguió la respuesta esperada y, a partir de ahí, todo fue cuesta abajo y sin frenos. Gary Holt ya tiene su sitio en Slayer y, aunque la memoria de Hanneman siempre estará inevitable e inseparablemente presente, su labor es más que meritoria. Otro ausente, por desavenencias varias, fue Dave Lombardo, aunque en su lugar pudimos disfrutar de un también más que decente y viejo conocido Paul Bostaph que lo dio todo en un grandísimo “Chemical Warfare” antes de entrar a tumba abierta en el bloque de clásicos que precedía la recta final del concierto, acompañado de  un cambio de telón de fondo. A partir de aquí, os podéis hacer una idea: “Seasons in the Abyss”, “Dead Skin Mask”, “South of Heaven”, “”Hell Awaits” y un mosh pit que, visto desde arriba tal y como lo veía yo, parecía un caldero satánico lleno de almas condenadas. Un fundido en rojo llamaba la atención al personal para atacar “Raining Blood” y, acto seguido, todo el escenario se convierte en un homenaje a Jeff Hanneman para interpretar un magistral “Angel of Death” para poner el broche final.

Slayer no tendrán el directo fiestero de sus predecesores ni se les podrá culpar de buscar artificios y florituras varias, pero el repertorio lo tienen y lo defendieron como auténticos leones. Así, con tonalidades prohibidas e intervalos satánicos aún resonando en la cabeza, fuimos abandonando la sala y regresando a nuestros hogares. Quéno  está mal para ser un lunes.

Sobre el autor

Rory Gallagher se me apareció y me dijo que yo sería una estrella del rock pero, por desgracia, solo lo escuché yo y ahora nadie me cree. Mientras espero a que llegue "mi gran momento", paso mis días en Londres, donde me dedico a la localización y traducción de videojuegos mientras sigo engalanando mis riffs y metiéndome en vena libros, cómics, películas, series y mucha, mucha música.

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