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EL CINE FRANCÉS (III): 20 películas francesas que deberías ver antes de terminar con el S. XX

Publicado el 08/10/2015 | por Edgar Carrasquilla | Cine

Si todavía no te hemos convencido o si, por el contrario, ya estás totalmente enganchado, ahí van unas cuantas películas que no deberías dejar pasar para terminar de comprender la grandeza del cine del norte de los Pirineos. El abanico se abre y se funden géneros, aparecen directores, actores y actrices que habrás oído nombrar más de una vez. Quizás sea el momento de volver a visionarlas o darles una oportunidad. Lo dejaremos en 40, aunque empezamos con veinte, no te vayas a saturar:

Zero_de_conduite1.- Jean Vigo – Cero en conducta (Zéro de conduite: Jeunes diables au collage, 1933): Impresionante manifiesto revolucionario contra el régimen escolar francés inspirado en los recuerdos de la infancia del propio director. Con los niños como protagonistas casi absolutos y un gran talento de Jean Vigo para mostrar, en apenas 40 minutos, toda la rabia y represión sufrida por los escolares galos de principios de siglo XX. Con muy poco dinero y menos experiencia todavía, pero toneladas de talento y aprovechando el legado del cine mudo, el director ha llegado a nuestros días como uno de los grandes iconos del cine francés pese a su prematura muerte a los 28 años y su escaso bagaje fílmico. Muchos directores posteriores han reconocido su influencia, especialmente François Truffaut en esa otra maravilla llamada “Los 400 golpes”.

LAtalante2.- Jean Vigo – L’Atalante (L’Atalante, 1934): La introducción con las escenas en el pueblo previas a la boda y la subida al barco no dan intuiciones de lo que vamos a ver luego. Una vez suben a L’Atalante y el gran Michel Simon aparece en pantalla con el protagonismo que su talento desbordante merece, la película crece enormemente. Mientras el barco se desliza por el Sena, Dita Parlo se aburre y reniega por no poder visitar París y Jean Dasté debe cumplir sus compromisos laborales con la barcaza. Jean Vigo gozaba de una sensibilidad y un idealismo juvenil de una competencia tan abrumadora que con solo 2 cortos, un mediometraje y este largometraje, ha pasado a la historia como uno de los grandes del cine galo. La película va pasando, va enganchándote, va seduciéndote, hasta acabar totalmente fascinado por la maravillosa sencillez del sentimiento encauzado a través del objetivo de una cámara de cine.

La_gran_ilusi_n-590932159-large3.- Jean Renoir – La gran ilusión (La grande illusion, 1937): Ambientada en la IGM y basada en las experiencias vividas por el propio Renoir durante la misma, nos topamos ante un canto a la camaradería, a la amistad, a la sin razón de la guerra y, especialmente, a la igualdad del ser humano, venga de donde venga y sea de la clase que sea. El oficial alemán (Erich Von Stroheim) a cargo del campo de prisioneros alemán jamás pierde los modales ante su homónimo francés (Pierre Fresnay), los soldados son tratados exactamente igual y se tiene especial consideración hacia el personaje interpretado por Marcel Dalio, de raza judía, que arremete contra todos los tópicos típicos y es mostrado como el más fiable de los amigos y el mejor y más considerado de los compañeros. Gran dominio de la técnica cinematográfica y del manejo de la cámara y los encuadres, conjuntando una de las obras más notables de la filmografía del insigne Jean Renoir, donde antibelicismo, amistad, amor, compañerismo y puñetazos directos a la yugular de los políticos se mezclan.

lejourseleve4.- Marcel Carné – Amanece (Le jour se lève, 1939): Se oye un disparo, se abre una puerta y un hombre acaba rodando por una escalera hasta morir. François se encierra en su habitación. Es un tipo querido y respetado por todos, enamorado de Françoise, con trabajo en una fábrica, pero se cruza en su camino Valentin, un personaje insólito relacionado con su amada que le obliga a alejarse de ella y acercarse a Clara (el magnetismo que irradia Arletty es espectacular). Carné y Prévert (ayudado en esta ocasión por Jacques Viot para elaborar el guión) traman su típica tela de araña para ir cercando a los personajes hacia su inevitable final. No llega a la altura de las otras películas que comento en este mismo artículo de Marcel Carné, pero sí que es igualmente meritoria y merece una consideración notable. El póker protagonista, Jean Gabin, Jacqueline Laurent, Arletty y Jules Berry están fantásticos.

220px-Lesdamesduboisdeboulogne5.- Robert Bresson – Las damas del bosque de Bolonia (Les dames du bois de Boulogne, 1945): Bresson se apoya en el trío protagonista para contarnos la historia de una venganza malvada, donde una Maria Casares de dos caras trama una desquite monstruoso contra su amado Paul Bernard. Ambientado en París, toda la película reluce en las miradas profundas y los gestos contenidos de los protagonistas, especialmente de la dupla femenina, donde Elina Labourdette se rinde ante los encantos amistosos y bondadosos de su benefactora. Uno de los pocos ejemplos de un cine encuadrado dentro de los límites clásicos y normales en todos los sentidos en la filmografía de Bresson, que se beneficia de la interpretación de la pareja protagonista femenina. Destacar la colaboración de Jean Cocteau en la escritura de los diálogos del guión, adaptación de un relato de Diderot.

media6.- Jean Cocteau – La bella y la bestia (La Belle et la bête, 1946): Adaptación del clásico cuento infantil a la gran pantalla con el estilo tan particularmente teatral y personalmente surrealista de Cocteau. La historia es conocida por todos, pero lo que hace de esta versión algo único es la maravillosa puesta en escena y la genialidad de los decorados y ambientación. No soy muy fan de Jean Marais y de hecho pongo la interpretación en un segundo plano, totalmente absorbida por ese imponente castillo perdido entre el bosque, donde las puertas se abren solas, los candelabros están sujetados por brazos en el aire, las velas se encienden por sí mismas, donde un guante te permite viajar instantáneamente a donde tu quieras, donde un caballo te lleva a donde desees, etc… Todo un delirio de los sentidos al servicio de la avaricia y el ego del ser humano.

51N2jOYbhEL._SY445_7.- Jean Renoir – El río (The river, 1951): Renoir vuelve a Francia y se estrena con esta especie de semidocumental sobre el despertar romántico de una joven, cuyo principal atractivo es el viaje que nos propone a través de la cultura, las costumbres, la mitología y la forma de vida en la India desde el punto de vista de unos ojos occidentales. El melodrama romántico es totalmente secundario ante la apabullante explosión de colores, imágenes, y atmósferas de la tradición hindú, dando lugar a encuadres y fotogramas que perfectamente podrían haber sido ideados por su padre. La música popular, las fiestas locales, el vestuario, etc… componen un folleto turístico de primer orden, rodado con una elegancia y una sobriedad calculada que permiten que el primer amor de una adolescente occidental en la India nos enganche desde el primer minuto.

Casque_d'or_french_film_poster8.- Jacques Becker – París, bajos fondos (Casque d’or, 1952): Deudora del realismo poético de Carné y Renoir, una gran obra de Becker que explora el dramatismo del amor imposible marcado por un destino trágico casi conocido desde el principio. La mezcolanza de géneros, el costumbrismo, los gángsters, el romanticismo, la amistad verdadera, todo nos remarca el gran trabajo de Jacques Becker tras la cámara (¡¡¡qué maravillosos primeros planos le regala a una preciosísima Simone Signoret!!!) y la gran adaptación que hace junto a Jacques Companeez al inspirarse en hechos reales para escribir el guión. Podemos destacar por igual el caciquismo del clan mafioso, como la relación amorosa entre Simone Signoret y Serge Reggiani o la relación amistosa entre este y Raymond Bussières.

220px-Leplaisir9.- Max Ophuls – El placer (Le plaisir, 1952): En esta ocasión nos topamos con la adaptación de tres cuentos de Guy de Maupassant. Dos de ellos, el primero y el último, más trágicos y funestos, el segundo, sin embargo, es muchísimo más alegre y divertido, jugando contra la doble moralidad del ser humano sin ningún rubor y sin pábulo a la defensa. Una vez más el director vuelve la vista atrás y nos lleva a finales del siglo XIX, donde tres historias, con tres puntos de vista distintos y tres motivaciones diferentes conjugan el mismo objetivo: la búsqueda del placer. La dirección artística, la fotografía y la cámara, ese ojo que todo lo ve y que Ophüls maneja mejor que nadie, son el principal atractivo de una película muy barroca en su forma, pero muy simple en su fondo. La historia central, la más larga y principal eje conductor, con Madeleine Renaud como principal estrella en la ciudad y Jean Gabin en el campo, funcionaría perfectamente por sí sola con cierto aire socarrón, muy emparentada con su anterior “La ronda”, aunque el añadido de los otros dos relatos le da una amplitud de miras que completa tanto la visión del autor como del director.

el-salario-del-miedo-poster10.- Henri Georges Clouzot – El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953): Un montón de desarrapados de todo tipo que huyen de todos sitios se refugian en un pequeño país sudamericano donde el único medio con el que ganarse la vida es trabajando para una empresa estadounidense que explota pozos petrolíferos. Mientras tanto malviven en el pueblo, entre el polvo, la taberna y el calor agobiante que refleja perfectamente la situación que atraviesan los personajes que allí se encuentran. Toda la 1ª parte de la película se explaya en mostrarnos esa angustia que viven los protagonistas. Al llegar la oportunidad de ganar el dinero suficiente para largarse de allí deben jugarse la vida para conseguirlo y pasamos a vivir una pesadilla constante. Los 4 elegidos deben llevar nitroglicerina en 2 camiones por unas carreteras en mal estado, llenas de baches y trampas que pueden hacerles saltar por los aires a la mínima, pero es el precio a pagar para conseguir lo que quieren. La tensión es tremenda y no para de crecer, los 140 minutos que dura consiguen mantenerte pegado a la pantalla mordiéndote las uñas. Si le añadimos la crítica social extrapolada a cualquier país del mundo y a cualquier persona necesitada o considerada prófuga por cualquier motivo ya lo tenemos todo.

Las_vacaciones_del_se_or_Hulot-208812863-large11.- Jacques Tati – Las vacaciones de M. Hulot (Les vacances de M. Hulot, 1953): La costa bretona es el lugar elegido por muchas personas para pasar sus vacaciones, incluido el Señor Hulot que, desde su misma llegada con ese ruidoso y destartalado coche, no puede pasar desapercibido. Con pocos diálogos y dándole preeminencia absoluta al gag visual, Tati actualiza a los clásicos del cómico mudo (no podemos evitar recordar a Chaplin, Keaton…) y nos presenta el antecedente inequívoco del típico personaje que posteriormente desarrollarían otros humoristas como Peter Sellers con sus míticos Inspector Clouseu de “La pantera rosa” o Hrundi V. Bakshi de “El guateque”. Ingenuamente encantadora y perdidamente cándida, pero divertida desde el principio hasta el final.

Mi_t_o-941530148-large12.- Jacques Tati – Mi tío (Mon oncle, 1958): Multipremiada comedia de Jacques Tati donde, a mi entender, su mayor acierto es la crítica totalmente explícita a la sociedad moderna y consumista, absolutamente bipolar y aparente (genial el gag del chorrito de agua del jardín). Monsieur Hulot continua las peripecias que inició su personaje en su anterior película, pero esta vez lo traslada a la ciudad. Tati confronta la sociedad dominante, con casas de lujo, cientos de aparatos automáticos que te vuelven loco, en su mayoría prescindibles, frente a la gente normal del barrio, encarnada en su grado extremo por Hulot. Los gags visuales, con diálogos casi inexistentes, y la personalidad cómicamente infantil de Hulot hacen el resto, aunque como digo, la comedia pura queda muy absorbida por la tremenda crítica social.

Les-Yeux-sans-visage-Affiche-1_medium13.- Francois Truffaut – Tirad sobre el pianista (Tirez sur le pianiste, 1960): Truffaut se refugia en esta mezcla de géneros para autorregalarse un ejercicio de puro estilismo fílmico. Tras el éxito de “Los 400 golpes” se pone el disfraz de mago para desbocar la esencia de la Nouvelle Vague en su obra. Pasamos de un hermano a otro, de voces en off a asesinos con sentimientos, de prostitutas que ejercen de cuidadoras de niños a pianistas de gran éxito con un presente más que oscuro. François Truffaut se libera de las ataduras virtuales de la cinematografía clásica para darse un baño de estilo innovador y arriesgado, homenajeando a su manera al cine negro clásico. Charles Aznavour (famoso cantante francés) asume su primer papel protagonista de manera más que solvente, dando a su interpretación el mismo aire renovador que su director.

Tirad_sobre_el_pianista-883390385-large14.- Georges Franju – Los ojos sin rostro (Les deux sans visage, 1960): Totalmente desquiciante y enfermiza (recordemos que hablamos de 1960). Un insigne médico francés, culpable de un accidente en el que su hija quedó desfigurada, no para de investigar posibles soluciones para devolver la belleza perdida a su heredera. Hasta aquí no parece nada desasosegante, sin embargo, los métodos empleados, raptando mujeres para usar su piel en dichas pruebas, van creando una atmósfera cada vez más agobiante y sofocante, cerrando poco a poco los dedos sobre nuestra nuez, donde la saliva ya no pasa. Horror fascinante que servirá de base para el cine de terror de las sucesivas décadas, aunque quizás nunca nos demos cuenta. Fundamental.

2688c557de49396293419095b00fda9115.- Louis Malle – El fuego fatuo (Le feu follet, 1963): Alain Leroy está terminando su tratamiento de desintoxicación del alcohol en una clínica de las afueras de Versalles, incapaz de volver a retomar su vida, de volver a sentirse humano. Para ello vuelve a París, a contactar con sus antiguas amistades e intentar volver a sentir, volver a ser. Podríamos decir que la película trata sobre la soledad o sobre el alcoholismo, pero para mi retrata la desolación que la adicción crea en una persona, ya débil de por sí, al despojarla de cualquier sentimiento humano, con crudeza y frialdad, sin analizar causas o motivos ni culpables o soluciones. Malle se limita a mostrar los hechos, sin entrar en nada mas, remarcando la frustración constante de Alain con un blanco y negro sombrío y una música perfecta para remarcar la destrozada psicología del protagonista. Maurice Ronet está sobresaliente, perfecto en su interpretación, dotando a Alain de la desidia y desolación que requiere. Otra de esas muestras de que, pese a mi rechazo, salieron cosas buenas de la Nouvelle Vague, especialmente gracias a Truffaut y Louis Malle.

1963_Le_mepris_116.- Jean Luc Godard – El desprecio (Le mépris, 1963): Una joven pareja interpretada por Michel Piccoli y una preciosa Brigitte Bardot viven muy enamorados hasta que él, autor de teatro, acepta la oferta de un productor norteamericano para escribir unas escenas para una adaptación de La Odisea que el maestro Fritz Lang está rodando en Italia. La belleza de la esposa, las dudas de él, la prepotencia del productor, la conformidad del maestro, todos los ingredientes se ponen al servicio de un análisis, más o menos normal siendo Godard, sobre las relaciones y la comunicación entre la pareja. Las constantes dudas de Piccoli sobre si acepta el trabajo por la necesidad del dinero o si se está vendiendo, el doble juego moral de Bardot al sentirse utilizada por su marido, la supuesta superioridad que quiere demostrar constantemente el productor y la genial interpretación que hace Fritz Lang de sí mismo, hastiado y cansado de tener que soportar todo eso para poder llevar a término el proyecto a pesar de ser uno de los más grandes maestros de la historia del cine. Una de las pocas veces en que Godard se centra más en lo que quiere contar que en cómo lo quiere contar o en sí mismo y, por lo menos para un servidor, se agradece muchísimo.

Hasta_el_ltimo_aliento-267776810-large17.- Jean Pierre Melville – Hasta el último aliento (Le deuxième soufflé, 1966): Los años 60 en el cine francés son sinónimo de cine negro y de grandes películas de Jean-Pierre Melville. Tras su trilogía con Jean-Paul Belmondo se inicia con “Hasta el último aliento” su magnificación del género polar. Inicia igualmente su relación profesional con una de las caras definitivas de la variedad gala del thriller policíaco, el gran Lino Ventura, a la vez que se despide de su deslumbrante luminosidad con el blanco y negro. El resultado es notable, con una trama que arranca con la fuga de un conocido hampón que quiere restaurarse a la vez que necesita un último golpe para conseguir el dinero necesario para desaparecer y comenzar una nueva vida. La lucha de Gu (Lino Ventura) contra todo lo que se pone por delante para intentar lograr su objetivo y su tour de force con Paul Meurisse, que está espectacular, es de matrícula de honor. Quizás no sea la obra que primero nos venga a la cabeza cuando hablamos del cine de Melville pero, sin duda también, estamos ante una gran muestra del talento de uno de los creadores más importantes del cine galo.

El_clan_de_los_sicilianos-230818047-large18.- Henri Verneuil – El clan de los sicilianos (Le clan des siciliens, 1969): A medio camino entre el polar francés y el thriller policíaco clásico, Verneuil, amparándose en un guión del especialista José Giovanni, Pierre Pelegri y él mismo, reúne a tres grandes actores franceses como Gabin, Ventura y Delon en la misma película, lo cual ya tiene su mérito. Intriga criminal que, por un lado es muy entretenida, con una liosa trama para robar unas valiosísimas joyas, pero por otro lado envejece fatal por la chirriante estética de la época, la mezcla de colores chillones, música de spaguetti western en una peli de mafia, el uso a veces excesivo del zoom y esos pequeños detalles que le bajan un poco la nota, pero muy disfrutable. El trío protagonista está genial, especialmente las visitas de Lino Ventura a Jean Gabin, los dos veteranos que dan cancha al joven talentoso Delon que llega para comerse el mundo.

220px-Lecerclerouge19.- Jean-Pierre Melville – Círculo rojo (Le cercle rouge, 1970): Polar francés de la mano del maestro Melville con Delon, Bourvil, Volonté y Montand al frente. Nada malo podía salir de ahí y por ello nos topamos con uno de los iconos del género. Un preso al que liberan (Delon), otro que se escapa (Volonté) del policía que lo custodia (Bourvil), y ambos se alían con un tercero (Montand) para perpetrar un último gran golpe que les permita retirarse y desaparecer, pero la caza ya ha empezado y el policía que los persigue es paciente y persistente. Trepidante thriller rodado al particular ritmo de Melville, donde una mirada de Delon vale más que un diálogo vertiginoso de mil palabras. El personaje de Alain Delon podría considerarse una extensión del que ya interpretó en “El silencio de un hombre” (1967), también bajo las órdenes de Melville, frío, duro, silencioso, perfeccionista, taciturno, impasible, pero con las ideas muy claras de lo que hay que hacer. Nunca una etiqueta le vino mejor a un tipo de cine: polar.

boucher20.- Claude Chabrol – El carnicero (Le boucher, 1970): La directora de un pequeño pueblo galo entabla relación con el tímido carnicero de la localidad. La región está siendo asediada por una serie de asesinatos que tienen a la población en ascuas, mientras Helene, vivaz y mojigata traba amistad más cercana con Popaul, que tiene una vida atormentada por las constantes pesadillas y trágicos recuerdos de su paso por la guerra. Claude Chabrol depura su estilo en este constante cierre de la circunferencia, estableciendo un papel tan importante al matiz psicológico como al puramente criminal.

Texto de Edu “Zoegaga” Garrido

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Sobre el autor

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo, pero aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático, y cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

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Una respuesta a EL CINE FRANCÉS (III): 20 películas francesas que deberías ver antes de terminar con el S. XX

  1. Tsi-Na-Pah dijo:

    C’est parfait , mais je te recomande vivement de regarder le film “La Bonne Année” qui est un film réalisé par Claude Lelouch avec Lino Ventura et La Métamorphose Des Cloportes (1965) de Granier-Deferre qui sont deux grands films superieur a Le Boucher que je n’aime pas du tout.

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