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Crónica de LOS DELTONOS y DIXIE TOWN en la Sala Caracol de Madrid. 25 de Septiembre 2015

Publicado el 28/09/2015 | por Edgar Carrasquilla | Conciertos

Las 20:30 es una hora temprana para un viernes madrileño. Pocos sacaron a pasear sus ganas de rock ‘n’ roll antes de las 21:30; la Caracol parecía una bolsa de patatas industriales, demasiado aire. Dixie Town salieron a escena en un intento incondicional de animar al respetable, indiferentes a la situación, inmersos en su garajero blues rock. Poca elegancia y mucha actitud. Su sonido crujiente hacía rezumar aceite de motor a sus maltratados amplis, a través de los que pasaron muchos punteos old-school, un agradecido colchón de teclado y una base rítmica de las de toda la vida.

Algunas canciones, nada rompedoras, sí resultaron efectivas. El correcto sonido y, sobre todo, el decente hacer a la guitarra de Pepe, ayudaron a levantar -y mover- el culo y los codos de los sentados o apoyados en la barra de la Caracol. Los abundantes aplausos dictaminaron el resultado mejor de lo que pueda hacerlo yo. La banda gustó, y su propuesta, clásica y segura, también. Y, a pesar del inmovilismo escénico del grupo, exceptuando a Pepe, que se come las tablas, en directo ganan.

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Los Deltonos, por experiencia, repertorio y un alma máter sin igual, figurarán en un top diferente a los anteriores. El sonido, notable desde el principio, ayudó mucho al disfrute de unas canciones que son diversión purificada. Los verdaderos protagonistas, Hendrik y su sobrada banda, recorrieron escenario posando cada uno a su manera, compartiendo sonrisas cómplices y complementándose como sólo lo hacen quienes han compartido escenario, ensayos y fiestas durante años.

Ostentando sobrada energía sobre el escenario, la banda atacó con un “Elvis” que puso a todo bicho viviente a bailar. Imposible no soltarse al ritmo de esos rocanroles que no hablan más que del día a día de todos al mejor ritmo que existe. La complicidad stoniana de Röver y Macaya cobra vida, y es que se reparten el papel guitarrero de cada canción a la perfección, convirtiendo pisotones en aciertos. El empaque final, junto al bajo del carismático Pablo Z y la batería del digno sustituto de Iñaki, merecedor de todo elogio por su empeño, es excelente.

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Así, tanto temas nuevos como antiguos éxitos gustaron por igual. Bajando el ritmo únicamente en “Ese otro café”, el bolo fue un continuo de pisotones, saltos y giros, pues resultó imposible adormilarse con temas como “Merecido”, “No Por Nada”, “Saluda al Rey” o “Discotheque Breakdown”. No faltaron -ni sobraron- algunas improvisaciones, durante las cuales terminaba de asomar la mentada complicidad de los músicos, que alargaron el concierto hasta la hora y media. Noventa fugaces minutos que dejaron dolores por exceso de cabriolas.

Algún que otro himno como “No Señor” nos hizo enloquecer, pero, a destacar por encima de aquellos, el emotivo “Brindemos”, cuyas guitarras brillaron tanto que aquellos ausentes a los que se les dedicó, sonrieron. Y Hendrik, al frente y bien armado, el que más, como sólo puede hacer quien goza haciendo lo que debe para ganarse el pan. Salud!

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Sobre el autor

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo, pero aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático, y cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

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