CREAM – Disreaeli Gears

Publicado el 12/08/2015 | por Alex Palahniuk | Reviews

CRCream fue el primer supergrupo de la historia del Rock. Antes de que saliesen a escena otros grandes nombres como los de Motörhead o Rush, ellos ya estaban allí, en cualquier local, dando rienda suelta al imperecedero genio que atesoraban: Jack Bruce –bajo y voz-, Ginger Baker –batería, coros- y un Eric Clapton –guitarra, coros-, entronizado ya en Londres como el mejor guitarrista de su generación, salieron a escena en 1966 con un timorato aunque interesante Fresh Cream. La ópera prima del trío londinense conjugaba a la perfección la música Jazz, El Rock y el Pop. No solía ser extraño que los primeros trabajos de las bandas de los sesenta mostrasen una pequeña inclinación por la música popular, puesto que formaciones como los Kinks, la carrera de los primeros The Who –hasta Tommy, concretamente-, los Stones –quienes se desmarcaron, precisamente, del género, con su incursión en la música de raíces norteamericana a partir de Beggar´s Banquet. La ópera prima de los londinenses buscaba calibrar la reacción de la gente y la repercusión en el mercado antes de lanzarse a la experimentación. Así lo confesaría el propio Clapton, posteriormente.

Disreaeli Gears, su segundo trabajo, mostraba, por fin, a una banda hecha en todos los sentidos. El cambio musical había sido notorio: las construcciones musicales, lejos de impregnarse de esa inocencia y candidez del Brit Pop antes aludido, se mostraban más incisivas en el credo musical de sus integrantes. 1968 había traído consigo una nueva forma de entender la música para ellos. Las sesiones de grabación, presididas por las disensiones entre el bajista y el batería y un Clapton que tenía que hacer de mediador entre dos egos tan grandes como su calidad de músicos, en cierto modo, propiciaron que éste se retrasase. Eran los tiempos en los que la relación entre George Harrison y Eric Clapton era más estrecha que nunca. Ambos se admiraban mutuamente: el Beatle admiraba la prodigiosa mano izquierda de su amigo, y éste, a su vez, loaba siempre la acertada labor a la composición del otro cuando Lennon y McCartney le dejaban. Como también era la época en la que Eric se fijaba continuamente en la enteca y rubia Patty Ann Boyd. El segundo compacto del trío obedecía, sobre todo, al interés que iba despertando en el movimiento hippie, la filosofía oriental y, sobre todo, el Hare Krishna: el famoso mantra religioso y espiritual hindú.

La grabación del disco comenzó a principios de mayo. En esa fecha, ya tenían, por ejemplo, parte de la letra de la sensacional Tales of Brave Ulysses. El siguiente paso tenía que ser consolidar una relación que abarcase no sólo el ámbito musical, sino también, el personal. El trabajo de los tres, en una época en la que, al aparecer no hubo ningún foco desestabilizador, propició que, en apenas una semana, bien pertrechados en sus respectivas habitaciones de hotel, alumbrasen canciones que recogiesen un poco la influencia de los eméritos músicos de Blues en el Reino Unido y la de Jimi Hendrix y su sensacional Are You Experienced? Ya con el inicio del álbum se vislumbra que la herencia recibida de estos artistas era más que notoria, por ejemplo, en Strange Brew, World of Pain o Dance The Night Away podemos observar la alternancia entre partes de guitarra más incisivas en contraposición con el meloso y efectista tono de Jack cantando los estribillos. La idea de Bruce de hacer que el disco pivotase en torno a las guitarras blueseras de Eric y al toque Jazz de su bajo, casó a la perfección con el exótico toque de Baker a las baquetas. Ginger, quien, poco a poco, empezaba a sentir una fuerte inclinación por la música tribal –como preludio de su trabajo con el genio del afrobeat Fela Kuti-, deja su sello en éstas y en Otside Woman Blues, donde nos muestra los beneficios y el sensacional aporte que hizo al Rock y a la batería en general con la incoporación de dos bombos, influyendo, a su vez a un Keith Moon quien, poco a poco, buscaba, a su modo, algún signo distintivo a la hora de tocar. Lo que hizo grande a Cream -y que se muestra en las dos composiciones más conocidas del álbum como Sunshine of Your Love o la mencionada Tales of Brave Ulysses– es la capacidad que tenían los tres de destacar por igual.

La guitarra de Clapton, con ese toque tan Muddy Waters, John Lee Hooker o B.B King, se vio beneficiada de su incipiente amistad con Jimi Hendrix. Parecían una extensión del otro en ocasiones. La inteligencia de los riffs desplegados, la suavidad y la cadencia con la que ladea las notas y las acurruca con esa mano izquierda, refulgía entre la suavidad que Bruce perfilaba las enseñanzas de Jaco Pastorius. Y ése fue el secreto que hizo que esta fabulosa formación, en apenas tres años, rayara a un nivel estratosférico, haciendo de este álbum, uno de esos discos que todo el mundo debería tener. Poco les importó que debutasen The Doors, la Velvet Underground o que los Stones y Beatles estuviesen a pleno rendimiento: la suya fue la grandeza del talento, la visión, la técnica y, cómo no, la de una falta de entendimiento que propició una acelerada disolución cuando estaban en el mejor momento de sus carreras. Nadie tocaba el blues mejor que ellos. Habría sido interesante ver a Cream en los setenta, pugnando con Led Zeppelin, Deep Purple o algunas de las sacrosantas bandas de Hard americana de aquella década, pero, desgraciadamente, ni la masiva popularidad que tenían, consiguió que dos animales musicales iracundos como Baker y Bruce dejaran de tenerse ley. Una pena.

Sobre el autor

Veinticuatro años. Estudiante de Derecho, amante de la música, la literatura, el ensayo y apasionado de la escritura.

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