ROKY ERICKSON with OKKERVIL RIVER – True love cast out all evil: un personaje maldito y a la vez maravilloso

Publicado el 22/05/2015 | por Carlos Tizón | Reviews

rokySiempre he sentido simpatía por la legión de perdedores y malditos que llenan la historia del rock, y Roky es uno de ellos. Nacido en Austin, Texas en el ya lejano 1947, con 5 años ya comenzaba a tocar el piano, y a los 10 comenzaba con la guitarra. Entusiasmado de los cómics, el cine de terror y Little Richard, James Brown, Albert King y John Lee Hooker, Roky iba creciendo.

Con solo 15 años forma The Spades, influido por el sonido que venia de las islas británicas, Stones, the kinks, Faces… y comienzan los problemas. Es expulsado del instituto por cometer el gran delito de llevar el pelo largo: cosas de la moralidad americana. En el año 65, cuando contaba con 18 años, firmaba junto a The Spades, uno de los temas mas importantes del rock ácido, “You’re gonna miss me”, que entraba directo al top 40 de las listas de U.S.A.

En aquella época, se introduce en el mundo de las drogas alucinógenas, especialmente el peyote, muy fácil de conseguir por aquella zona entonces. Conoce a una banda llamada The Lingsmen, de Port Aransas-Rockport, cuyos miembros son Stacy Sutherland, Benny Thurman, John Ike Walton y Max Rainey. Roky tarda nueve días en pasar de The spades al nuevo grupo. En un principio, el nombre del nuevo grupo iba a ser The Elevators, pero la mujer de John Ike Walton propuso lo de 13th. Así nacen The 13 floor elevators.

El nombre The Elevators tenía como intención parecerse a los nombres de bandas negras como The miracles o The temptations. Incluso algunos ocultistas afirman que Tommy Hall en sus delirios psicodélicos eligió el número trece por ser la letra trece del abecedario que correspondía a marihuana y la mescalina. Tommy Hall se servía de sus conocimientos filosóficos, sus experiencias alucinógenas y su poesía, escribiendo unas letras enigmáticas y de gran calidad. De su mano, los Elevators descubrieron el potencial de las drogas alucinógenas como principal influencia en su música. Aportó el sonido de su jug eléctrico, ese característico zumbido de las canciones de los Elevators.

También se adentraron en el nihilismo de Hall, muy aficionado a Nietzche y sus postulados, entre otros. Pero no todo rodaba bien entre Roky y Tommy, la fricción era constante. Cada uno adoptó un rol: Tommy el de gurú y maestro y Roky el de rebelde. Y a pesar de todo, es innegable que Tommy dejaría su huella en un joven Roky.

The 13th Elevator hacían volar sus mentes en mescalina y peyote durante horas y horas, y no tenían reparos en propagar abiertamente su placer por este tipo de viajes y sustancias en sus canciones y conciertos. Fueron los primeros en definir su música como rock psicodélico, si bien sus temas estaban mas influidos por el hard rocker y blues que las bandas de la costa oeste.

Es 1966. Roky tiene 19 años y comienzan sus problemas con la ley al hacerse más popular. Durante una redada de los Rangers en casa de Tommy Hall, ente el humo de los porros, todos se ven ya de vacaciones en el talego, pero una indisposición del juez oficial, y un fallo del juez de guardia, les libra por esa vez. Posteriormente, la policía les rompió todo el equipo musical buscando drogas en una de sus visitas. Se tenían mucho cariño mutuo.

El grupo se traslada a San Francisco, en 1967 y Roky se convierte en adicto a la methedrina. En medio de aquel caos, deciden regresar a Texas. En Austin, las autoridades locales, los rangers y demás, ya los tienen en el punto de mira. Los Elevators representaban todo aquello que odiaba la correcta sociedad americana: hablan de drogas, las consumen en exceso e incitan a los jóvenes a ser libres. Además son melenudos y visten ropas raras.

Comienzan las pesadillas para Roky. Se toma ácido un día con Tommy y pide que le lleven a casa de su madre. No está claro si Roky agredió a su madre o su madre sintió terror al ver el estado de su hijo, pero este termina internado en el Austin Mental Institution, recibiendo electro shocks y tratamientos brutales de terapia de choque para su “adicción” a las drogas.

En 1969 Roky es detenido por segunda vez. Los cargos, posesión de marihuana y hachis. Durante el juicio, Roky se declara enfermo mental y es internado en una institución mental para criminales, el Rusk Hospital. Es casi el fin de The 13th floor Elevators. La posesión de un canuto significaba 20 años de cárcel según la ley de la época; casi nada.

Dentro del sanatorio mental, sigue con sus rollos y crea un grupo con varios internos, al que llama The missing links. Se hace muy amigo de Jimmy Walcott, un fan de los Elevators que mató a toda su familia puesto de pegamento. Muchos aseguran que aquella fue su época más productiva: llegó a escribir unas 100 canciones y compiló su primer libro de poemas, Openers.

Pero aquella época encerrado, marcó a Roky. Se cuenta que recibió tratamiento a base de torazina y electro shocks en los hospitales de Hedgecroft Y Shoal Creek y su mente ya no volvió a funcionar igual desde aquellos tres oscuros años. En 1972, su hermano, su novia y futura mujer y un amigo de la infancia reunieron fondos para contratar un abogado que consiguió que Roky fuera declarado mentalmente sano.

Roky siguió alimentando sus demonios internos con mas drogas: methedrina y heroína. Dough Sham, leyenda de la música tejana, miembro de Sir Douglas Quintet, otra de las bandas emblema de los 60’s en el estado de la estrella solitaria, intentó prestar ayuda a Roky metiéndolo en el estudio. Gracias a eso, verían la luz “The temple of the red prayer (Two headed dog)”, “Don’t slander me” y “Starry eyes”. Bizarras todas ellas, demoniacamente encantadoras. “Two headed dog” es una de esas canciones que solo pueden surgir de una mente enferma, un tema genial e irrepetible.

Roky dio varios shows con los Elevators, pero el destino les tenia guardado un as en la manga. Stacey Sutherland era asesinado por su mujer y Tommy Hall marchó a San Francisco para posteriormente ingresar en la cienciología.

Varios amigos le ayudan a crear una nueva banda, llamada Bleib Alien. Debutaría en 1975 en el Ritz de Austin. En sus temas, Roky habla de demonios, criaturas, alienígenas, vampiros, monstruos, oscuridad, enfermedad y amor. Musicalmente no es ya tan psicodélica, se acercan a un hard rock muy sui generis.

Tampoco tendría continuidad, pues Roky vive en su mundo, retirado, enfermando a su manera. Asegura ser marciano. Sus entrevistas siempre fueron irreverentes, pero desde su salida del hospital mental, un encuentro con Erickson es toda una experiencia inquietante.

En 1980, Stu Cook, bajista de la Creedence Clearwater Revival, produce un disco a Roky y sus Aliens donde existen gemas como “Creature with the Atom Brain”, “Cold Night for Alligators”, “Stand for the Fire Demon”, “I Walked with a Zombie”, “Bo Diddley is a head hunter” o “Don’t shake me lucifer”, entre otras. La promoción del disco resulto desastrosa para la imagen de Roky. Entrevistas con larguísimos silencios, respuestas incoherentes, declaraciones totalmente alucinadas…

Durante los 80, Roky grabaría canciones sueltas con las que se hicieron diversos recopilatorios y EPs, pero era incapaz de mantener su carrera musical, aunque cada vez que pisaba un estudio, surgía una nueva canción. En aquella época, su imagen era dura y agresiva, barba y pelo largo, unido a una mirada desencajada por los excesos, las mencionadas visitas a sanatorios y todas sus experiencias. Roky tiene problemas con la esquizofrenia. Algunos días despierta ya bien entrada la noche y actúa con normalidad, pero las medicinas y su nivel vital no suelen estar muy allá la gran parte del día. En su casa pone varios aparatos electrónicos a funcionar para que el ruido de estos mitiguen las voces que habitan en su mente.

Su última aparición en un escenario fue en 1985. Mas adelante hubo mas intenciones de recuperarlo, pero no estaba condiciones. Empieza a asegurar ser el elegido del diablo, entre otras cosas. Estas declaraciones de Tary Owens, miembro original de The Conqueroo, banda de la escena de Austin en los años 60 y quien ha cuidado de Roky en privado en ciertas etapas de los tiempos del LSD, son esclarecedoras:

Nuestra generación tomó muchas drogas, y en cierto grado, los viajes nos dañaron. Pensamos que íbamos a cambiar el mundo para mejor. Pensamos que encontraríamos una vida mejor, con química. Resultó que las drogas abrieron la puerta de la espiritualidad para algunos de nosotros, pero también se abrió la puerta de la muerte y la destrucción para muchos otros. Las drogas dejaron de ser nuestros amigos y se convirtieron en nuestros enemigos.

Roky vuelve a tener problemas con la ley en 1989, cuando se queda durante un tiempo todo el correo del complejo de apartamentos donde habita, sin devolverlo, hasta que alguien lo descubre y decide denunciarle . El juez no creyó en las alegaciones de insanidad mental y Erickson debe pasar una serie de tests que finalmente diagnostican que no está en plenas facultades. Aun así, sigue produciendo música de vez en cuando. Se convierte en una especie de Syd Barrett, un perdido homeless para cualquiera que se lo cruza en el camino, con un comportamiento excéntrico.

Los managers, A&Rs y demás gentuza sin escrúpulos del negocio musical, dejan a Roky pelado, sin un duro. Durante los 90 todo fue oscuro en su vida. De nuevo, cayó en el agujero negro de su mente. Algún intento de directo, alguna convención de discos, alguna aparición extraña, pero poco mas.

En el 2001, Sumner Erickson se convirtió en su guadián legal y se lo llevó a Pittsburgh. Sumner es músico, toca la tuba en diferentes orquestas clásicas. Roky comenzó a tener por primera vez el tratamiento y cuidados que requería su estado mental deteriorado. Nunca tuvo dinero para ello, nadie se había propuesto hacerlo con anterioridad del modo que lo hizo su hermano.

Regresó a Austin y volvió a subirse a los escenarios acompañado por The explosives en el Rocky Erickson Pychedelic Ice Cream Social del famoso Threadgrills de Austin en Marzo del 2005.

Actúa en el mega festival Austin City Limits y la respuesta por parte del público es bestial. Un set list compuesto por “Cold night for alligators”, “White faces”, “Don’t shake me lucifer”, “Interpreter”, “The beast”, “Bermuda”, “Splash 1”, “Creature with the atom brain”, “Starry Eyes,” “Two headed dog”, y para acabar, el himno “You’re gonna miss me”. Seguiría dando algún que otro concierto.

Sus aficiones actuales son ver horas y horas de Cartoon network. Y no sale antes ni después de los conciertos, mas que para ir a tomar unos helados a Amy’s Ice Creams después. Sus intenciones son deleitar a Austin con más apariciones. En Amy’s tienen un helado llamado Roky, en el panel hay una pirámide como la del primer disco de los Elevators, promocionándolo. El helado es su vicio actual.

De momento son importante para él las rutinas, según su hermano. Roky toma sus propias decisiones. Actúa cuando le parece. De momento sólo en Austin, su ciudad. Quién sabe si en un futuro por más lugares. Pero se siente feliz de volver a estar en la escena. Sus allegados están felices por su estado actual. Roky está recuperado para el rock, y para la vida, quizá lo más importante. Ahora vuelven a tenderle la mano para que no camine solo, no se decante por la enfermedad y siga deleitándonos con su genio.

Se publicó un disco doble con material de Roky , para recaudar fondos, y su hermano puso en marcha hace ya un tiempo la Roky Erickson Fund. Visítala, donde puedes donar dinero e, incluso si te apetece, adquirir merchandising o simplemente curiosear un poco.

Esta es la historia de Roky. Un genio de la música, una influencia para todo el rock, un personaje maldito y a la vez maravilloso, como todos los grandes genios. Su voz es especial, su manera de tocar la guitarra y entender la música es única, y por supuesto su mente está mucho más allá que la de cualquier mortal. Roky genio y figura, leyenda viva. El elegido del diablo.

Ah, y… ¿Sobre este nuevo disco? Pues toda su genialidad de nuevo a nuestro servicio: folk y algún guiño psicodelico en un álbum tranquilo, con mucha acústica pero de gran fuerza, que gustará a los seguidores de, por ejemplo, Neil Young. Sinceramente, un muy buen disco, y una buena noticia la vuelta del gran Roky.

Sobre el autor

Licenciado en el arte de apoyar el codo en la barra de bar. Comencé la carrera de la vida y me perdí por el camino, dándome de bruces con el rock and roll. Como no pude ser una rock star, ahora desnudo mi alma cual decadente stripper de medio pelo en mi blog, Motel Bourbon.

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