Berlin Connection (III): Heroes, DE DAVID BOWIE

Publicado el 17/05/2015 | por Laurent Berger | Especiales, Grandes Discos

HE¿Pensabais que me olvidaba de seguir con la trilogía Berlinesa de Bowie? ¡Os equivocabais! Aquí llega el más famoso de la trilogía y posiblemente uno de los discos más famosos de The Thin White Duke; Ladies and Gentlemen: Heroes.

Duodécimo trabajo de Bowie de un nivel estratosférico. Un disco icónico para generaciones venideras. Una biblia de mesita de noche para modernos, transexuales cocainómanos, hipsters gafa pasta, hippies colgados de LSD… no hay dios sobre la faz de la tierra a quien no le guste este disco, y si lo hay… pobre de él, ya que no hay duda de que sus facultades auditivas están muy mermadas.  Y dicho esto, ahora sitúense en Berlin en un ya lejano 1977 en los estudios Hansa, unas instalaciones cerca del muro y que le había recomendado Edgar Froese de Tangerine Dream.

Iggy Pop, acababa de salir de su cura de desintoxicación; Bowie, por aquel entonces se alimentaba de leche, cocaína y unas dietas caprichosas, sin olvidar el tabaco, fumaba tabaco negro francés a semejanza de Serge Gainsbourg , nunca se separaba de su paquete de Gitanes.

Su salud mental era muy frágil, el consumo en cantidades industriales de merk, la cocaína farmacéutica le llevó a la paranoia; guardaba su orina en el frigorífico, para evitar que cayera en manos de sus enemigos. También tuvo salidas de tono por aquel entonces, como tuvo en Inglaterra cuando salió de Victoria Station en una limusina descapotable Mercedes haciendo el saludo fascista. Aquello salió en la primera página de los periódicos británicos. Luego las malas lenguas dicen que Iggy y David eligieron Berlín porque había más drag queen que en cualquier otra ciudad del mundo. Acababa de terminar una película dirigida por Nicolas Roeg, donde tenía un papel de extraterrestre. Aquello acentuó su obsesión por los ovnis y los alienígenas. Se desplazaba en tren por su temor a tomar un avión y siempre se desplazaba con su colección de libros sobre el Tercer Reich.

Volvamos al disco; de los tres álbumes, es el único que se grabó íntegramente en Berlín, con lo acólitos deDV siempre y alguna visita de luminarias notorias de la música como Antonia Maas, una cantante alemana que militaba en la banda berlinesa The Messengers. La banda estaba grabando en los estudios Hansa al mismo tiempo que Bowie y acabó entablándose una relación de amistad entre ellos que culminó con Antonia haciendo los coros en “Heroes” y escribiendo la letra para la versión alemana de la canción que, por cierto, también tiene su versión francesa que Bowie lanzó en una edición limitada de 2000 copias, en un precioso single de vinilo azul a raíz de la inauguración el 3 de marzo de ese mismo año, de la exposición “David Bowie Is” en Paris.

“Heroes” brotó de David cuando miró desde una de las ventanas de los estudios Hansa y su mirada se detuvo a observar a dos amantes besándose con pasión junto al mítico muro de Berlín. Los enamorados eran Tony Visconti, productor en aquellos tiempos de Bowie, y la propia Antonia Maas.  Tony aún estaba casado por lo que escondían ese amor a los ojos de los demás. En el tema se reparten la labor en las seis cuerdas Carlos Alomar y Robert Fripp, que siempre cuando participa en algún tema ajeno deja impresa su huella tan personal.

Pero empecemos por el principio, por “Beauty and the Beast, un tema que a día de hoy obviamente nos suena muy normal, pero cuando se escuchó la primera vez, el público quedo muy sorprendido por las tortuosas letras de Bowie y por la enrevesada música que sacaban Fripp de su guitarra y Eno de sus teclados. Un tema que se encarga de dejar claro por donde van a ir los tiros a lo largo de todo el disco: guitarras afiladas como cuchillas, atmósfera austera y experimental, y una frialdad de acero. Evidentemente el tema toma su título de la película escrita por Jean Cocteau de quien Bowie siempre fue gran admirador.

“Joe The Lion” desvela como nunca la faceta de esteta refinado del Duque Blanco, y Fripp se da el gusto de desgarrarlo con sus característicos Fripptonicos acordes. El tema es un homenaje a escultor Chris Burden, que realizó una pieza que llamo White Light / White Heat. También hace referencia al barrio artístico de Berlín donde Bowie vivía y sus escarceos en clubs nocturnos como el Dschungel al que solía ir por las noches.

Llega “Heroes” tema por excelencia del disco, una composición que brotó de David, tal como ya he comentado antes, cuando miró desde una de las ventanas de los estudios Hansa y su mirada se detuvo a observar a dos amantes besándose con pasión junto al mítico muro de Berlín.  Bowie mantuvo en silencio lo que había visto, pero le sirvió de musa y metáfora visual para crear uno de sus temas más perfectos. Eso sí, años más tarde le confesaría a Tony lo que había visto comentándole que no dijo nada para no interferir en la vida privada de su amigo y productor.

A continuación nos llega “Sons of the Silent Age”, una canción que Bowie ya traía escrito antes de llegar a Berlín. El título del tema se barajó como un posible título para el álbum antes de finalmente quedarse con el de Heroes. Un tema con esa oscura belleza que Bowie sabe imprimir en su manera de cantar, fascinante y lacerante hasta el letargo.

Con “Blackout” se cierra la Cara A con un  Bowie más Funk/Punk, que nos canta sobre un apagón seguramente durante la guerra en la ciudad de Berlín, encima de una base rítmica en la que el bajo supura funk en cada surco.

La Cara B siempre fue mi favorita y empieza con esa escalofriante y sensual frialdad que es “V-2 Schneider” fascinante viaje Krautrock, que emana hasta gravilla del muro. Fue el homenaje de Bowie al fundador de Kraftwerk, Florian Schneider, y es que no podemos olvidar  que la trilogía Berlinesa de Bowie fue fuertemente influenciada por la banda de Dusseldorf. Evidentemente el título también hace referencia al famoso V2, misil balístico que inventaron los nazis a mediados de la II Guerra Mundial. Un tema donde Bowie retoma su saxofón para dar alguna calidez a la frialdad industrial del tema. Una composición que escuché por primera vez en un cine viendo la película Christina F.

Con “Sense of Doubt” Bowie nos sumerge en un túnel narcótico, 100% Krautrock de alto octanaje, sin duda una perfecta banda sonora tras una guerra nuclear. Una composición de un calado tal que difícilmente puede dejar indiferente a cualquier oyente. Es el primero de los tres temas instrumentales de la segunda cara del disco, y más de un vez ha pasado por mi cabeza imaginar la grandeza de un disco hecho íntegramente con esa música.

“Moss Garden” sigue con la misma tónica,  con Brian Eno estelar llevando de la mano a Bowie al mundo de la electrónica, para conseguir un autentico viaje entre ondas sinusoidales y almendros en flor gracias a la inclusión de un Koto, un instrumento de cuerda tradicional Japonés de una frágil belleza. Bowie y Eno esculpen belleza con pinceladas perturbadoras.

“Neuköln”, el último de los tres temas instrumentales consecutivos, es la banda sonora de la guerra fría, una perfecta simbiosis entre la película de Carol Reed El Tercer Hombre y una de Fatih Akin, por poner uno más contemporáneo. Toma el nombre de Neukölln por un distrito de Berlin, aunque no en el que vivía Bowie que residía en Schöneberg. El tema termina con el saxo de Bowie que quiebra el espacio como la llamada de un barco entre la niebla.

“The Secret Life of Arabia” nos devuelve a la realidad tras esa tenebrosidad y la nebulosidad culpables de habernos hecho zozobrar, aunque yo formo parte de esa legión que opinan que la última nota del disco la debía haber puesto el saxofón de Bowie en Neuköln, y da paso a “The Secret Life of Arabia” que sí es un buen tema, pero con un ritmo demasiado desenfadado tras el clímax denso que ofrecía la cara B, y su finalización en un “Fade Out” demasiado rápido que hace que posiblemente este sea el único fallo de Heroes”.

David Bowie fascinado por la pintura y el cine expresionista alemán, además del Krautrock y del teatro de Bertolt Brecht, con el añadido del paisaje de guerra fría que se vivía en la ciudad, dio a luz una obra icónica, atemporal, un pedazo de historia plasmada en dos caras negras de vinilo. Un trabajo que debería enseñarse en institutos y que cualquier amante de la música debe poseer.

Evidentemente como todo gran trabajo viene enfundado con una caratula que también ha hecho historia. Si uno se fija bien observará que tiene mucho de la portada de The Idiot de Iggy Pop, y es que ambos se inspiraron en las raras posturas angulares que había en las pinturas de Erich Heckel, miembro fundador del movimiento expresionista Die Brücke. La foto de la portada fue realizada por Masayoshi Sukita, un artista muy próximo a Bowie que le ha retratado miles de veces.

 

Sobre el autor

Tsi – Na – Pah estudió Bellas Artes y más tarde cocina. Actualmente recorriendo Andalucía vendiendo y comprando viejos vinilos. Apasionado del rock progresivo y del rock americano de los setenta. Colaborador en distintas revistas musicales y tiendas de música en la época donde se vendía música de verdad.

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