CYNIC: los renovadores del metal en los noventa

Publicado el 30/03/2015 | por Alex Palahniuk | Especiales

Con dieciséis años se dedican a sacar demos alucinantes, y con dieciocho, entran a formar parte de Death, la mítica formación de Death Metal liderada por una de las mentes más privilegiadas que ha dado el Metal y el Rock como era Chuck Schudilner. Bien, unos críos que habían superado la adolescencia hacía nada, lampiños, con esa mirada tímida, escondida, habían grabado, junto con el Rey Midas de la escena, una de las grandes obras maestras del género y del Metal de los noventa como Human. Ciertamente, aquello tuvo que pasar factura de alguna forma: eran demasiado jóvenes, el nivel de exigencia que se imponía, por lo que he leído, Chuck era casi inhumano; y esas ganas de superarse, las proyectaba sobre sus músicos. Grabaron ese disco capital, Schuldiner decidió prescindir de sus servicios para el próximo álbum. Masvidal y Reinert, ya con el nombre labrado en oro, héroes para muchos sin llegar a los veinte, vieron que lo mejor sería formar algo tangible. En ese contexto, después de haber participado con uno de los grandes en uno de sus mejores discos, en 1993, con tan sólo veintiún años, una absoluta obra maestra como fue Focus -año 1993-. Un trabajo atemporal y original donde se  rompía con todos los esquemas del género hasta el momento. Si éste se apoyaba en los conceptos de brutalidad, furia, nihilismo, ellos apostaban por otro concepto, agresivo, sí, pero con una melodía inusitada.

Un álbum que presentaba como puntales composiciones como Veil Of Maya, Celestial Voyage o The Eagle Nature, entre otras muchas, estaba condenado a ser un éxito. El estilo de Masvidal al microfóno, incrustando ese estilo sucio, agresivo y cavernoso del Death junto con texturas mucho más dulces, robóticas gracias al uso del vocoder, sedujo a una audiencia que no esperaba que los otrora compañeros de Evil Chuck se sacasen un trabajo así. De todos modos, Focus era demasiado grande como para pasar inadvertido; esa peculiar forma de construir melodías, bebiendo más de Zappa, Coltrane o Ellington que de Motörhead, Celtic Frost o Slayer, suponía el fruto y la refutación de la monotonía de un género terriblemente fértil, sí, pero que necesitaba a unos eclécticos como ellos. En este álbum hay momentos de una elegancia impresionante, si alguien quiere cogerse el trabajo, que agudice el oído cuando cuando suenen la citada Celestial Voyage The Eagle Nature, con una instrumentación casi inhumana  cosificando una música etérea y que bullía a través de una banda que juntos formaban un tótem. Ahora, la cuestión es la siguiente: ¿qué fue de ellos posteriormente? Ésa es la cuestión. Lejos de querer disfrutar de la dulcísima miel del éxito y estirar el chicle, tanto Masvidal como Reinert desaparecieron, literalmente, del mundo de la música. Se tomaron su tiempo para asimilar lo que habían hecho y descansar del extenuante ritmo que, desde los dieciocho años, llevaban.

cynic-focus

Su segundo álbum, Traced In Air recogía ciertos elementos del primer trabajo pero, a su vez, se distanciaba de éste. Quizás menos bombástico que Focus, mucho más reposado en su fisonomía, mucho más definida y menos hipertrofiada era la evolución lógica de unos vanguardistas militantes. Este disco, para muchos fue como una especie de revelación, el advenimiento, epifanía, usad cualquier adjetivo que os guste dentro de un panorama que, en 2008, se había vuelto a sobrecargar demasiado. Sin embargo, siguiendo en una dinámica parecida a la de King Crimson -superándose contínuamente-, decidieron subir la técnica, bajar un poco las revoluciones y hacer las melodías más complicadas. Las ocho canciones del compacto, en apenas treinta y tres minutos provocan esa sensación de haber dejado en algún lugar recóndito de tu memoria un recuerdo liviano y bello. A través de éstas inenarrables y exquisitas aleaciones de Metal Progresivo, Rock Progresivo y Jazz, con esa técnica angelical y fiera al mismo tiempo, consiguen que cada canción parezca seguir su propia inercia metafísica. Las canciones, parecen recoger, acentuadamente, las introvertidísimas personalidades de Sean y Paul, tal como se ve en Space For This, en esa forma tan peculiar de Masvidal a la hora de hacer punteos y melodías de guitarra. Terriblemente bella, sonando a veces como un lamento pero que, gracias a la espectacular percusión de Reinert -el mejor batería que vio la escena en muchísimo tiempo-, cobra fuerza intensidad, dándole vida a una melodía enrevesada que fluctúa entre esa densa maraña de cambios en la percusión, dobles bombos y en el siempre efectivo pedal de éste. Cortes como Adam´s Murmur, Integral BirthThe Unknown Guest , así como la intro con Nunc Fluens -del latín, Flowing Now– y el outro de Nunc Stans -Abiding Now-, reflejaban el profundo abismo generacional en el que se encontraban, especialmente en la interacción entre su música y las oquedades de sus almas.

Y por último tenemos su último trabajo: Kindly To Be Frent Us, salido el año pasado. Más tecnicos aún si cabe, pero donde apenas quedan ya rastros de sus comienzos, y donde la guitarra rítmica de Malone brilla con luz propia; sólo hay que verle en The Lion´s RoarTrue Hallucination Speak y en Infinite Shapes. Casualmente, se podría decir que es aquí donde Masvidal demuestra ser humano por unos instantes, mucho más comedido. Evidentemente, es un trabajo que puede desagradar a los más puristas o los que piensan que los tiempos de Focus puedan volver. Nada más lejos de la realidad, Paul y Sean nunca repiten un disco; si acaso, pueden coger alguna idea de un trabajo anterior y la adaptan a lo que quieren, pero Cynic siempre formula nuevas ideas dentro de la propia fórmula. Sus propias digresiones musicales es lo que les hace únicos sin necesidad de alargar los temas hasta los diez minutos o veinte minutos.

Y ahí están disfrutando de su condición de dioses no sólo en la escena, sino en el Rock y Metal a nivel general. Nunca dejan nada al azar, rara vez se desvían del camino y su militancia silenciosa, callada y obstinada se proyecta en composiciones tan maquinales y precisas que parecen tan robóticas como la voz de Masvidal. Como sucede con muchísimos genios, la obra de Cynic no entra a la primera, ni siquiera a la segunda; no son discos que uno pueda ponerse a la hora de hacer deporte, por ejemplo. Su deglución es lenta; su digestión, más pesada todavía. Su grandeza no sólo radican en cómo tocan y el por qué, sino en su momento de aparición. Cuando debutaron y todo el mundo pensaban que la escena del Death Metal ya lo había dado todo, ellos cambiaron todos los esquemas; Cynic son Cynic; y mientras otras formaciones han querido, desesperadamente sonar a los grandes, ellos no suenan a nadie que no sean ellos. La música conecta con sus almas, delimita sus personalidades introvertidas en composiciones de una atmósfera enriquecedora. Y es que, señores, cuando Robert Fripp, uno de los guitarristas más grandes de todos los tiempos, líder de King Crimson, guitarrista de Bowie en Heroes declara que sólo hace jam-sessions con Tool y ellos por algo es: el londinense no es, precisamente, un dechado de buenas palabras.

Sobre el autor

Veinticuatro años. Estudiante de Derecho, amante de la música, la literatura, el ensayo y apasionado de la escritura.

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *