PETER GABRIEL I – Car: buscando la identidad perdida en Genesis (2)

Publicado el 02/11/2014 | por Alex Palahniuk | Especiales

Este artículo es la continuación de la primera parte.


Durante ese tiempo en que decidió no hacer música, muchas cosas habían cambiado: el rock progresivo alcanzaba su cenit, sus ex-compañeros habían sacado dos álbumes correctos sin más como A Trick of the Tail y Wind & Wuthering y se limitaban a hacer giras simpáticas, sin el acicate que el propio Peter aportaba como showman, con esos disfraces, su poderío escénico y esa prodigiosa voz; de repente, Genesis se había convertido en una banda anodina, liderada por un buen batería, pero que no tenía esa pasión animal que ponía su predecesor en la interpretación de los temas. Los de Surrey, los más ambiciosos y arrogantes del rock sinfónico estaban liderados por un cantante que, auténticas bombas como “The Lamb Lies Down On Broadway” y “Supper´s Ready” las interpretaba en chándal, con las manos en los bolsillos, mostrando el mismo entusiasmo que el portero de un edficio en barrer un rellano o un funcionario sellando los papeles del paro.

peter gabrielMientras acontecía todo esto, ya tenía más que meditado cómo iba a ser su primer paso en solitario. Contó en la producción con Bob Ezrin, un profesional que ya había producido la tetrología dorada de Alice Cooper y su banda –Love It To Death, Killer, School´s Out y Billion Dollar Babies-, uno de los grandes álbumes de KISS en los setenta como Destroyer y su renacer a principios de los noventa con Revenge o el sensacional e hiriente Berlin de Lou Reed le convencieron para la incesante búsqueda de un disco que le recordase quién era él y no quién era su banda. También es cierto que el artista sacó una faceta que con Genesis no había explorado: su feminidad. ¿Os parece raro? Cuando os lo explique, no tanto.

Muchas veces en Genesis, aparte de artista, parecía un cómico. Cuando dejó de ser el vocalista en una banda y que su centro girase en torno a sus ex-compañeros para centrarse en sí mismo, dio rienda suelta a todo su andamiaje emocional. La conversión de trovador a lirista precisaba de la capacidad del propio músico de saber que, si quería darle una nueva dimensión a su música, tendría que deshacerse de ese carácter británico y esa moral victoriana, rígida y opresora para liberar un caudal emocional fruto de la represión que había sufrido en los colegios e institutos en los que estudió. En otras palabras, Peter Gabriel aprendió en Car y durante toda su carrera en solitario a proyectar una sombra que caminase en paralelo con él, que reflejase quién era como individuo, no lo que la audiencia pensaba sobre su persona. El cambio no sólo se produce en lo lírico, en la instrumentación de sus canciones, sino también en la representación visual de sus actuaciones. Ya no usaba disfraces, no inventaba historias surrealistas. La propia voz, nacida de la represión, de la falta de autocomplacencia emocional, así como las variaciones de su entorno y el perenne miedo -humano, cuanto más artístico- a la soledad absoluta, sacó un lado más sensible y frágil; y si se usa la palabra femenino, para nada es por machismo, pero en una época como los setenta, donde lucir tu faceta más cercana y dulce, era sinónimo de ser homosexual o parecerlo, era un reto. El primer éxito de su vida como solista fue el de componer en torno a su sentir como humano, y su primer disco reflejaba a la perfección cómo y cuántos cambios operan dentro de nosotros sin darnos cuenta. Basta un hecho traumático para que el propio yo se rompa y tengamos que empezar a conocernos de nuevo. Cuando Troya arde, nada tienes que perder. Y eso lo aprendió a la perfección.

Para la realización de su primer asalto, buscaba músicos enérgicos y eclécticos, y es aquí cuando entran las figuras de Robert Fripp y Tony Levin. O lo que es lo mismo: más del setenta y cinco por ciento de los geniales King Crimson. Cuando éstos accedieron a ser músicos suyos, ya se encontraban bastante cansados del rock progresivo; el Rey Carmesí decidió tomarse un descanso, momento en que ambos explorarían nuevos sonidos, especialmente el afamado guitarrista, que aprovechó el ‘break’ para hacer una música más directa y vanguardista. Su carácter elitista se alejó de un sonido más pomposo para apostar por uno más natural antes de que, literalmente, diera una exhibición en el álbum Heroes de David Bowie. Lo mismo se podía decir del bajista, quien ya había trabajado con Lennon en I´m Losing You y buscaba divertirse y en lugar de componer grandes suites de más de quince minutos basadas en el jazz de Chicago.

Y así es Peter Gabriel I: espontáneo y fresco, fruto de la americanización de su música ayudado por su conciencia como músico europeo. Es tan ecléctico, que no sabe uno si está escuchando rock, pop, folk, música clásica británica o music hall. La apertura con “Moribund The Burgermeister” -título extraído de Así Habló Zaratrusta de Nietzsche- ejemplificaba la ruptura y el comienzo de una nueva era. Las referencias escénicas y líricas a su anterior banda aún se encuentran presentes, más o menos, en cierta medida; no así la música, más contundente a la par que vanguardista, anticipaba el cambio. Lo mismo se puede predicar de “Here Comes The Flood” y la impresionante habilidad del de Surrey para desatar el caos y en congraciarlo con la dulzura del sonido de piano. Entre esa marisma atemperada por el peso de los recuerdos y de la levedad de la vida, es capaz, incluso de volverse terriblemente dramático. Por fin buscaba lo que encontraba: la música como expresión del dolor y las canciones como una paleta en las que pintar el lienzo de su propia desdicha con un Fripp descomunal en el solo de guitarra.

“Modern Love”, “Excuse Me” o “Hundrum” cumplen su función de composiciones bisagra a la perfección: en ellas se unen el dramatismo natural de sus vivencias personales recientes así como el comienzo de una nueva era en el que el sonido progresivo entraba, momentáneamente, en el estertor de su majestad y el punk y la new wave iban avanzando con paso firme -un año después aparecería en directo con la cabeza rapada abrazando los nuevos tiempos de la música británica-, para dar paso a la mastodóntica -en todos los sentidos-, “Down The Dolce Vita” y su espectacular ritmo orquestado y apocalíptico para luego desmarcarse con otros émulos de la música de “Talking Heads”. Una muestra más de cómo con la música de este hombre, uno no sabe qué rumbo va a tomar. Si Hitler hubiese vivido y querido invadir Polonia a finales de los setenta, sin duda, se habría puesto la introducción de esta canción.

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Cortes como “Waiting For The Big One” ironizaban sobre la búsqueda incesante de estrellas en el mundo de la música y de cómo ésta, a veces, exprime demasiado a los músicos sin pararse a pensar en su condición de humanos. Excepcional esa mezcla entre blues, rock n roll clásico y vodevil en uno de sus temas más ácidos. ¿Y cómo dejar de lado “Solsbury Hill”? La composición que le lanzó a la fama en solitario y que mejor ejemplificaba su conversión de mito a humano. Rara vez sonó más sincero en una de las mejores canciones de la historia de la música, y no son pocas las personas -entre ellas quien escribe estos párrafos- a quienes, alguna vez, se les ha saltado una lágrima oyéndola. Las guitarras acústicas en clave folk y la percusión inteligente y elegante de Alan Schwartzberg consiguen crear un ritmo místico en el que el autor explota y explica por qué abandonó Genesis y cómo era su situación en aquel momento.

Como sucede con canciones como “One” de U2, “Bobby Jean”, de Bruce Springsteen o “Nothingman” de Pearl Jam, “Solsbury Hill” exploraba ese lado de las relaciones que, parece ignorarse como es el de la postura del que abandona respecto al abandonado. Todos dejamos personas atrás, y con ellos, momentos que fueron bellos y que se pierden, pero el mejor ejercicio que uno puede hacer es saber cuando irse y poner el punto y final tanto en el amor como en la amistad. Peter lo entendió a la perfección. No actuaba ni declamaba cuando, con frases como “To keepin’ silence I resigned, My friends would think I was a nut, Turning water into wine, Open doors would soon be shut, So I went from day to day, Tho’ my life was in a rut, Till I thought of what I’d say, Which connection I should cut, I was feeling part of the scenery, I walked right out of the machinery”, demostraba cómo era el ambiente en el que vivía en sus últimos días en Genesis: la soledad, el rencor de sus compañeros, los viajes separados y la necesidad de escapar y buscar en la soledad el mal que le producía el haberse convertido sólo en una máscara y en un tunante cuando, en realidad, sólo era víctima de una deificación absurda por parte de prensa, músicos y el populacho.

Siempre hubo un “Solsbury Hill” entre nosotros a la espera de ser descubierto y con ello, la capacidad de decidir si querer avanzar en la vida a costa de empezar de cero, o bien la de querer reavivar el fuego de una llama que hace mucho tiempo se apagó. Biográfica, como la mayoría de las grandes canciones, suenao tan fresca y moderna como en 1977, y la prueba es la cantidad de películas y músicos que dicen revisitarla. Car fue un éxito absoluto y la respuesta racional ante los baches que se nos presentan en la vida y que el propio artista sortéo con naturalidad y maestría. A partir de este trabajo construiría una música edificada en la innovación, presentaciones escénicas alucinantes, letras que iban desde la denuncia social, el amor como salvación, a historias de stalkers al más puro estilo de las primeras películas de Brian de Palma o la implicación creciente en los problemas mundiales, convirtiéndose en uno de los iconos de Amnistía Internacional y en profundo activista por los Derechos Humanos. Rara vez dejó a nadie indiferente. Y sólo hay que ver cómo con sus sesenta y cuatro años cumplidos, aún conserva el mismo toque en directo que le hizo grande a lo largo de más de cuarenta años de carrera.


Peter Gabriel en RockTheBestMusic:

PETER GABRIEL I – Car: buscando la identidad perdida en Genesis (1)

Sobre el autor

Veinticuatro años. Estudiante de Derecho, amante de la música, la literatura, el ensayo y apasionado de la escritura.

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2 Respuestas a PETER GABRIEL I – Car: buscando la identidad perdida en Genesis (2)

  1. FEDERICO LUIS CLAUSS KLAMP dijo:

    Sencillamente me ha parecido SOBERBIO el artículo. ¡ENHORABUENA¡, ¡Muy bien escrito y nos hace aproximarnos a la figura de PETER GABRIEL, tras dejar GENESIS!
    Sería interesante continuar con la retrospectiva y avanzar hacia PETER GABRIEL II
    ¿Es posible?
    Pasan los años, las décadas, pero siempre apetece escuchar al MAESTRO, aunque vuelva a re-visitar sus éxitos…aunque parece que hay NUEVO DISCO a la vista.

  2. FEDERICO LUIS CLAUSS KLAMP dijo:

    ¿Para cuando la edición en español de GAMES WITHOUT FRONTIERS: THE LIFE AND MUSIC OF PETER GABRIEL, DE DARYL EASLEA?
    ¿Y LA BIOGRAFÍA DE MIKE RUTHERFORD- THE LIVING YEARS?

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