Motörhead – Aftershock: son eternos, pero se permiten reafirmarse. Review. Crítica del disco.

Publicado el 24/11/2013 | por Edgar Corleone | Reviews

“Aftershock” es otro disco de Mötorhead, y si no sabes lo que esto significa, lo siento, pero creo que te has equivocado de web.

Por si acaso, te pongo en situación: lo nuevo de Mötorhead puede ser, o bien más de lo mismo “en plan bien”, o mal, más de lo mismo “en plan coñazo”. Pero en Lemmy se confía, y él, siempre recompensa. El bajo, la guitarra y la batería suenan igual que en sus últimos -y para mí, notables- lanzamientos. Es decir: transparentemente sucios. Los temas cañeros, como “Heart Breaker”, “Coup The Grace” o la brutal “End Of Time”, son ruidosas y atronadoras, pero el entramado es tan heterogéneo como las mantas de punto que tejen las abuelas. La ecualización es excelente, ningún instrumento tapa al resto, sin por ello olvidar una potencia más que desmedida.


¿Y las canciones? Punk rock lemmyniano en su mayoría y algo del rock n’ roll clásico del que siempre se ha declarado adorador. El ídolo encaja su voz sin problemas en cortes bluesies como “Lost Woman Blues” o “Dust And Glass”, las que dan descanso al oyente a la vez que sorprenden. Cualquiera daría por imposible que una voz tan ahumada y empapada en copas pueda aportar clase a un blues tan sucio como el Madrid en huelga de limpieza. No lo es.

El resto son disparos de recortada y explosiones de metralla. Dejan heridas en el tímpano. Las baterías que inician algunos temas como “Going To Mexico”, “Silence When You Speak To Me” o “Keep Your Powder Dry” anuncian pelea. Y cuando no la batería, lo hacen los riffes: “Queen Of The Damned”, “Death Machine”… Todo es puro Mötorhead, tan divertido, cañero y bestia como siempre.

La pega es la monotonía. El álbum no tiene relleno como tal, sino que todos los temas están preparados con los mismos ingredientes. Catorce dosis de Mötorhead empachan. Nueve o diez, no tanto. Algunos temas no pasan de los tres minutos, y eso ayuda, pero a mí, por notable que sea el redondo, que lo es, me termina saturando. Hasta de lo bueno se cansa uno, y “Aftershock” lo es, pero así somos, y no por ello dejo de recomendarlo. Hay que escuchar “Aftershock”, disfrutarlo como bien ha hecho Lemmy con cada día de su vida.

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Sobre el autor

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo, pero aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático, y cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

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