Azkena Rock Festival 2012 – Impresiones y experiencias sobre el primer día

Publicado el 19/06/2012 | por Perem | Noticias

Cuando Black Sabbath y Lynyrd Skynyrd fueron anunciados compré el abono de tres días sin pensármelo. La reputación del festival, y el cartel que otros años me había perdido me impulsaron. Entonces la gran banda se cayó y lo devolví. ¿Qué ocurrió después? Que el primer dia montaron un line-up de escándalo: Blue Öyster Cult, Graveyard, Steel Panther, Twisted Sister, Status Quo, Pentagram y Dropkick Murphys entre otros, y pensé: “¿pero qué carajo?”.

Tuvo peso también la participación de Twisted Sister, que siempre se me escapan, y ver a un trío de clásicos como son Blue Öyster Cult, Status Quo y Pentagram, tampoco estaba de más. Dropkick Murphys eran el punto original del cartel cuyos discos disfruto a menudo entre cervezas. Total, que me presenté allí sin saber qué esperarme de la organización, sufriendo aún mala resaca del Sonisphere madrileño: mal sonido con casi todos los grupos, colas interminables, escenarios a kilómetros de distancia… El hecho de que la organización coincidiera, me hacía dudar, pero me llevé una positiva sorpresa.

Lo primero que encontré fue fila muy ligera en la taquilla. Escasos 5 minutos incomparables a la enorme cola que se esperaba para entrar el recinto del festival. Voilá: tras diez minutos esperando, la organización abrió una segunda entrada, y en breves momentos estaba dentro del recinto, justo a tiempo para ver a Blue Öyster Cult.

En el interior, las primeras impresiones positivas fueron la cercanía entre escenarios, el reducido tamaño del recinto en comparación a otros desiertos polvorientos y la total falta de aglomeración humana. Césped junto al tablado principal con sombra incluída, y un sonido muy nítido y de volumen no excesivo a los pocos minutos de comenzar cada concierto. Así comenzaron Blue Öyster Cult, haciendo sonar clásicos como “Burnin’ For You” y los inmortales “Gozzilla” y “Don’t Fear The Ripper”. El concierto resultó entretenido en sus mejores tramos, y aburrido en los peores. Faltos de energía, a excepción de uno de los miembros más jóvenes, y con intensidad mínima. Veteranos que interpretan sus antiguos singles con algo de cariño, poco más. Un aprobado, lejos de lo que venía después.

Con puntualidad aparecieron los carismáticos Twisted Sister, la banda que lleva sin editar nuevo material desde 1987 y arrasando en festivales desde entonces. Aparecieron y devastaron con su repertorio de clásicos. Dee Snider es uno de los mejores front-man que he visto en mi vida: continuo movimiento, poses carismáticas, interacción con el público, y una voz en espectacular conservación. Muchísima tralla por parte de una bien engrasada banda, ofreciendo grandes “Stay Hungry”, “The Kids Are Back”, “S.M.F.” o el eterno “We’re Not Gonna Take It”, que inevitablemente fue coreado como “huevos con aceite”. Divertidos e intensos, con un Jay Jay French luciendo camiseta futbolera de la región, Ojeda ayudando con el castellano a Snider, Mendoza dando espectáculo con sus animaladas al bajo… Un concierto excelente, con bastante buen sonido que terminó justo cuando comenzaban Graveyard en el escenario tres. Tocó correr.

Llegué al inicio de “Blues Soul”. Público entre frío y curioso, y sonido un tanto saturado, con la guitarra de Joakim Nilsson por encima del resto y su sonido de ampli Orange inimitable. La atmósfera setentera empezaba a forjarse, y tocó techo cuando el sonido se perfeccionó mientras sonaba “Buying Truth”, llegando a lo más alto con “Ungrateful Are Dead”. Para entonces, curiosos que pasaban de la banda, ya me había situado junto a los incondicionales que, como yo, alucinaban con el control de la intensidad musical que lucen los suecos: repentinos parones que estallan en el momento más inesperado a la sombra del hilo vocal de Nillsson. Este, por cierto, controla mucho el uso de sus cuerdas vocales, reservándose ciertos registros agudos para el estudio, como en “Hisingen Blues”, que baja algunas octavas en el estribillo, lo que no se nota demasiado cuando después canta “The Siren” a pleno pulmón. Brutal.

Con un sonido tan vintage, Rikard Edlund dando las gracias con una cadencia en el habla que suele producir fumar algo más que tabaco, una vestimenta que ya por sí sola merecía los aplausos, y unos temas tan buenos como los de “Hisingen Blues” y alguno de su primer álbum, el concierto acabó por todo lo alto y gran parte del público aplaudiendo con muchas ganas tras “Evil Ways”.

Tras dos recitales que me habían complacido enormemente, me di una vuelta por el recinto entre otras cosas, para disfrutar de una pequeña parte del concierto de Status Quo, a quienes sacrifiqué por Steel Panther y Graveyard (malditos horarios solapados, la gran pega de todo festival), y para digerir lo que acababa de presenciar. La banda de Rick Parfitt y Francis Rossi, con cuarenta años de carrera, lucía mucho más envejecida que hace algunos años cuando aparecieron junto a Deep Purple y Cheap Trick en Madrid. Rossi se ha quitado la coleta, y lo que le queda de pelo, ha clareado. Los movimientos de Parfitt han decelerado, pero que puedo decir, la banda sigue sonando como un reloj. Muchísimas tablas son la base de su fama, no hace falta más. Pude disfrutar de un “In The Army”, y algún tema de su nuevo disco, y la verdad es que daba gusto ver a unos sexagernarios sobre el escenario haciendo todo aquel ruido tan bien estructurado.Una pena tener que correr de nuevo para disfrutar de Steel Panther.

Los de Los Angeles son una banda paródica. Relativamente, porque aunque dan un espectáculo de excesivo ego, de llamada a las groupies, de lengüetazos e indirectas (y directas) sexuales, son un cañonazo en directo. Iniciaron como su “Balls Out”, con la introducción futurista y el “Supersonic Sex Machine”, sonando perfectos, a volumen aceptable, y posando y meneándose desde el primer momento. Monólogos entre canción y canción que provocaban las risas de los conocedores de la lengua de Shakespeare (una pena que el resto se perdieran tamaños chistes y gracias) aludiendo a los “pussy’s” de las españolas, la rasuración o incluso a sus propios compañeros de banda, quienes fueron objeto de burlas continuas y mutuas. Uno de los conciertos más divertidos que he visto nunca, y no solo es eso lo que ofrece este cuarteto que con tantas tablas cuenta… Porque tocan de cojones mientras levantan su paquete al viento o lucen melenas espectacularmente lacadas. Un show tan visual y humorístico como musical, clavando todas las canciones con ayuda de algún “echo” para los agudos de Michael, y algunos teclados sampleados de apoyo. Sin duda, hicieron honor a su buena fama.

Cuando terminaron Steel Panther con su “Death To All But Metal”, en el escenario principal comenzaban Pentagram a descargar su pesadísimo repertorio de clásicos doom. La banda que creció durante toda una década a la sombra de otros grandes, en pie hoy día sobre los hombros de un muy envejecido Bobby Liebling disfrutó, como el resto, de un buen sonido, tan pesado como música requiere, aunque el público ya se mostraba relajado o ausente. Tampoco yo puedo comentar mucho de su concierto. Nunca han sido una de mis bandas, aunque merecen tanto mi respeto como el de toda la comunidad tanto por su innovación, como por lo brutal de los riffes que disparan hoy día: sonaron como debían, a oscuridad y a lluvia ácida.

A quienes de verdad estaba esperando eran Dropkick Murphys. El sonido del laúd anunciaba el comienzo del “The State Of Massachusetts”, una de sus más conocidas piezas. En el escenario, gaita, acordeón, guitarras, bajo, vocalista, batería… y hasta violines. La música irlandesa mezclada con el punk más salvaje y ruidoso, estribillos hímnicos y actitud cervecera levantaron el ánimo de todo el que estaba tirado en el césped sin saber qué esperar de la banda. El resultado fueron unos enormes mosh-pits a cada lado del escenario que no decayeron hasta el final de la velada. El tamaño de la banda permitía clavar los temas en su completitud, incluyendo los ruidosos coros de bar. Una fiesta que finalizó la jornada por todo lo alto, aunque a mi cuerpo le pesó al día siguiente el despiporre final con “Kiss me, I’m Shitfaced” y “I’m Shipping Up To Boston”, durante las que dejamos salir toda la energía que no habíamos consumido con los anteriores recitales.

Cabe decir que cuando uno ha pasado ya por varios festivales españoles (Sonisphere’s, Metalway’s o Electric Festival) y se ha sentido tratado como parte de un rebaño de ovejas, sin desmerecer a los animales, disfrutar de un festival como lo hice en Vitoria me obliga a volver al Azkena y no dejar de recomendarlo a cualquier rockero que se precie. No esperé más de 5 minutos para obtener comida, bebida, o algo de merchandising, menos para cambiar dinero por la moneda del festival. No recibí ni un empujón, ni me sentí agobiado durante los grandes conciertos. Tampoco me abrasó el sol, ni me enfadé porque el sonido fuera pésimo. Y era todo eso lo que daba vueltas en mi cabeza cuando conducía de vuelta al hostal. No estaba acostumbrado a que salieran tan bien las cosas en un festival español. Disfruté como rockero, como fan, y como cliente, no como un pringado al que le cortan el agua de los baños para aumentar las ventas en la barra (“
true story…”). Hasta el año que viene.

                                                                   Edgar Carrasquilla @Gargorisi para Rockthebestmusic

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Sobre el autor

Titulado en leyes, amante del apasionante mundo de las estadísticas y desde 2007 en la Red con este artefacto llamado RockTheBestMusic. Y sí, Led Zeppelin es el mejor grupo que ha transitado por el Planeta TIierra.

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Una respuesta a Azkena Rock Festival 2012 – Impresiones y experiencias sobre el primer día

  1. Mr. Sabbath dijo:

    Muy buena la cronica de la jornada del viernes. La verdad que es un festival que no se suele masificar, y facilita todo eso de la comodidad, y menos algunos casos, por lo que yo se, siempre suele sonar muy bien. Te cundio el dia!!!! Que paliza!!!!

    Saludos!!!!!!

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