Diez series americanas necesarias – Cómo disfrutarlas, qué ofrecen, y qué piden. Parte IV

Publicado el 06/05/2012 | por Edgar Corleone | Cine

Cuarta parte de la serie de artículos. En esta ocasión, les la historia del asesino en serie más querido de la televisión actual, y la de otro hombre al que nos ligamos emocionalmente por su mal hacer, sus elecciones, o porque le llegamos a entender en las situaciones límite en las que se ve involucrado. También cuentan con dos de las mejores interpretaciones masculinas de la televisión moderna.

7. Dexter

Quizás la más accesible de las recomendaciones. Dexter dista del estilo de HBO, lento, duro y serio. El estilo de Showtime, su cadena, es más acelerado, con cliffhangers mucho más marcados, de resultado más adictivo. Y esto, combinado con la atrayente historia de un atractivo joven experto forense en “sangre”, que trabaja para la policía de día, y que asesina a otros psicópatas y criminales de noche, convierten a Dexter en un producto irresistible y necesario en el panorama actual.

A lo largo de lo que han sido seis temporadas, de momento, con su punto álgido en la cuarta, en Dexter nos han contado como un psicópata camufla, justifica y realiza sus crímenes mientras compagina una vida personal estresante e inadaptable a cambios (inevitables, por otra parte). A ello se añaden historias secundarias del departamento de policía, las de los personajes que acompañan a nuestro Dexter y la siempre presente trama del antagonista de la temporada al que odiamos por ser lo mismo que el querido pelirojo, pero con menos encanto. El cocktail es trepidante. Engancha. Las sorpresas dejan con la boca abierta, y los acontecimientos en ocasiones calan muy hondo.

Es una serie fácil que suele gustar al público mayoritario. Y que quede claro: no por comercialidad se descuida la muy alta calidad de la misma.

Qué ofrece:

– Tramas adultas y fáciles de seguir que se cocinan con un poco de todo: acción, resolución de crímenes, un gran componente de thrileresco, algo de romance, sangre y justicia tomada por la mano de un psicópata que nos cae bien.

– Un protagonista tremendamente carismático, original y complejo. Un loco que se controla gracias al reglamento que ideó su padre con la necesidad de aparentar normalidad y sentimientos. Y con todo, se hace querer.

– El impresionante trabajo de Michael C. Hall como Dexter, con un infinito repertorio de gestos, miradas y registros vocales totalmente creíbles. Aunque tampoco se quedaba corto en “Six Feet Under”.

Qué pide:

– Dejar a un lado la corrección política y las moralidades, que sin embargo, podrían dar para mucho en conversaciones entre fans. El protagonista es un asesino que ejerce la justicia con sus propias manos. Un Travis Bickle moderno. Un asesino, al fin y al cabo.

– Estómago. Hay mucha sangre. Aun no siendo mostrada de forma gratuita, algunos crímenes revuelven las tripas. El problema llega cuando el mismo no es la sangre, sino los contextos.

8. Breaking Bad

Alguien que lleva una vida laboral no satisfactoria a quien le diagnostican un cáncer terminal muy avanzado. Alguien que decide coger el toro por los cuernos para sustentar a su familia durante su inminente ausencia. Alguien que además, es un químico excepcional, que trabaja de profesor por cuatro duros, y que además lava coches para un jefe insoportable con las cejas muy pobladas. Un hombre que decide empezar a fabricar metanfetamina.

Resulta que cocinar cristal se le da más que bien. Resulta que su producto es el mejor visto en mucho tiempo. Y además resulta, que no tiene ni idea del funcionamiento del negocio entre el que va a disfrutar de un imparable éxito. Un tipo que no deja de ser un padre de familia con un talento que no le encaja, por el momento. Y para colmo, su cuñado trabaja para la DEA.

Creada por uno de los responsables de Expediente X, Vince Gilligan, Breaking Bad supone una de las series de narrativa más original que se hayan visto. Elipsis temporales imposibles, montajes aparentemente caóticos, lentitud extrema y un humor negro y crudísimo que a veces provoca sorprenderte de tus propias carcajadas.

Qué ofrece:

– Al estilo narrativo único, añadimos un igualmente calificable en lo visual. Es un cómic en movimiento, donde comúnmente el sonido de la respiración de los protagonistas, y unas miradas que congelan corazones les roban el protagonismo a los mismos.

– Inmensa interpretación de Bryan Cranston, quien se supera a cada temporada, dando la talla ante la evolución de su personaje. Aunque el resto del reparto no se queda atrás, pisándole los talones Aaron Paul como Jesse Pinkman, igualmente descomunal en su papel de compañero e integrante de una inestable relación de amor-odio.

– Situaciones inverosímiles que forman un hilo argumental muy sólido, y que resultan en giros de guión que encajan como engranajes. Hay sangre, hay drogas, hay relaciones personales y hay límites que se sobrepasan, y todo se cuenta muy poderoso, y con ideas que no dejan de sorprender.

Qué pide:

– Siempre que hablo de ella, digo lo mismo. Resulta una serie MUY rara en sus tres o cuatro primeros capítulos. Nada cuadra, y desconcierta por su lentitud. Su estilo rompedor tarda en cuajar, algo así como lo ocurrido con “Six Feet Under”, pero con un ritmo que cuesta asimilar. Un esfuerzo para el primer tramo de la serie. El resto es pan comido, y cada temporada supera a la anterior (sirva esto como motivación para la cuesta arriba del inicio).

– Atención a los detalles. Aparecen muy pocos personajes en la serie, pero la trama desemboca en algo muy complejo. Lo que alguien dijo hace tres capítulos puede repercutir en lo que ocurrirá en el próximo. Y cuando uno cae en la cuenta porque estuvo atento y ha conseguido encajar el golpe narrativo, siente sorpresa, satisfacción y admiración por los guionistas. No es una serie para pasar el rato. Es una serie para auténticos cinéfilos que busquen algo nuevo y poderoso, algo de lo que gozar visual y

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Sobre el autor

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo, pero aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático, y cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

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