Bat out of Hell

Publicado el 26/09/2007 | por Perem | Grandes Discos


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Hay veces que un disco trasciende al paso de los años y décadas, que no sólo no lo hacen envejecer mal sino que lo revitalizan y rejuvenecen contribuyendo a engordar su leyenda. Con Bat out of Hell (Cleveland International, 1977) de Meat Loaf (Dallas, 1947?) nos hayamos ante uno de estos raros casos. Pero es difícil analizar el álbum sin reparar en su estela y leyenda, ya que su historia es una mezcla de hechos reales e irreales que parecen increíbles.
Lo primero que podemos analizar es el porqué de su éxito, que prevalece incluso a día de hoy -que se lo digan a Sony Music y lo que anualmente recauda por este disco y sus continuas reediciones intrascendentes y prescindibles-. Cuando nadie creía en él, ni Cleveland International, ni CBS, ni Arista (que lo rechazó), ni la revista Rolling Stone, ni los discjockeys que no se atrevían a ponerlo… entonces, ¿por qué el éxito? La respuesta está en tres factores humanos: Jim Steinman, Todd Rundgren y Meat Loaf crearon un equipo único, que consiguió algo único.

Primero, el factor Jim Steinman (Claremont, 1948), un compositor único y especial, un pequeño genio del rock, por cuyas venas no corre sangre, sino melodías. Él quería hacer algo grandioso, lo más grandioso jamás creado, quería ir mas allá de los limites, con una visión wagneriana y escénica de la música.

Segundo, el factor Todd Rundgrend (Upper Darby, 1948), una persona que supo ver lo que nadie quería ver, el potencial que había detrás del sueño de un par de muchachos. Contribuyó de forma decisiva a la producción del disco, consiguiendo estupendos músicos de sesión (Roy Bittan, Kasim Sultan, Max Weinberg…), así como con su propia presencia en algunos temas. Suya es la guitarra eléctrica que se asemeja a una motocicleta en el tema que da título al álbum porque, aunque lo parezca, no es un efecto de sonido.

El tercer factor y sin duda el más importante es Meat Loaf. Un tipo que venía del mundo del teatro, de los musicales, cuya mejor arma era una voz potente. Sin olvidarnos de un magnetismo animal, vitalismo y entusiasmo que encendió la caldera del tren que sería el tour de dos años sin interrupción que hizo que el disco girase una y otra vez y los dólares empezaran a acumularse. Se dio tanto al disco y a su promoción, en hacerlo funcionar, en convertirlo en lo que es ahora, que se dejó parte de su vida y su voz, un esfuerzo que jamás nadie repitió y del que tardó años en recuperarse. Un tipo honesto, regordete y amigable en el Olimpo del rock, alguien que no debería estar allí, pero que lo alcanzo por méritos propios, y cayó, y volvió… La personalidad arrolladora de Meat Loaf en el escenario ayudó sin duda al éxito.

Tampoco podemos obviar la época histórica en la que salió el álbum. Era 1977, con la música disco invadiendo todo y John Travolta como icono de la modernidad. En Broadway triunfan los musicales, y un compositor de musicales y un actor quisieron hacer el más impresionante y fastuoso de la historia, un musical futurista basado en el mito de Peter Pan, que se llamaría Neverland. Pero era demasiado grande y no se pudo llevar a cabo, aunque sí quedó un puñado de canciones que serían la base no sólo para el Bat out of Hell, sino para cualquier otro proyecto de Jim Steinman o Meat Loaf. Pensemos, por ejemplo, en Total eclipse of the heart de Bonnie Tyler (Swansea, 1953), y en cómo encaja perfectamente en el estilo marcado por Bat out of Hell. En esa época un proyecto de rock no podía triunfar, y así se lo hicieron ver, pero estaban equivocados, porque el rock siempre tendrá un sitio y siempre habrá alguien que lo recupere. Bat out of Hell se ganó un hueco en la memoria colectiva, convirtiéndose en un auténtico tótem de la historia musical.

Si nos enfrentamos físicamente al disco, nos encontramos con una portada con aires góticos y oscuros que nos recuerda a las ilustraciones de los maestros del cómic: la firma Richard Corben, uno de los grandes dibujantes de arte secuencial de la época. La contraportada nos indica lo que nos vamos a encontrar dentro, canciones de amor, o más bien de desamor, de alguien abandonado.

Tratemos ahora de hacer un análisis más musical. Con sumo cuidado levantamos la aguja del tocadiscos, sacamos el vinilo de su funda protectora y lo depositamos sobre el plato. Con aire solemne dejamos la aguja rozar el vinilo y el disco empieza a girar… ¡Sí! Los CDs existen, pero el sonido del vinilo hace más auténtica la escucha, que nos llevará a otro tiempo y lugar, a 1977 a Nueva York.

Bat out of Hell
Se inicia con unos vigorosos acordes al piano, acompañados por la fuerza de las guitarras y una batería magistral: no es un inicio tópico, es que ellos consiguieron hacerlo tópico. La introducción destaca por la presencia constante de la guitarra y el piano de Roy Bittan. Jim Steinman busca crear una canción sobre un accidente de moto con fuerza y brutalidad.
Después de una larga introducción que nos sitúa en una carretera oscura y sinuosa, a bordo de una motocicleta plateada y a una velocidad superior a la debida, vamos tomando las curvas huyendo “como alma que lleva el diablo” (quizás la mejor traducción del título). En la huida nos encontramos con una curva que no habíamos visto y sufrimos un trágico accidente, un accidente salvaje, y el corazón aún late fuera ya de nuestro cuerpo, pudiendo observarlo y oyendo campanas del cielo. Y mientras Todd Rundgren demuestra su maestría a la guitarra, haciéndola sonar como una auténtica motocicleta.

You took the words right out of my mouth (hot summer nights)
El segundo tema comienza con una voz susurrante que nos hace un ofrecimiento casi carnal; es la propia voz de Jim Steinman, muy dado a hacer pequeños speech dentro de cada disco. Nos encontramos ante una canción efectiva, bastante mas corta que la anterior, con un estribillo bastante pegadizo: “me quitaste las palabras de la boca, Oh – debe de haber sido mientras me besabas a la luz de la luna, mientras tus labios brillantes se juntaban con los míos”.

Heaven can wait
Y es que cuando Jim Steinman escribe una balada y Meat Loaf la canta se podría llorar de la emoción. “El cielo puede esperar” es la declaración de un adiós, es la hora de la despedida. Trata sobre alguien que escapa de su hogar y ahora desearía no haberlo hecho y regresar, pero ya es tarde y le esperan para irse a un lugar desconocido.

All revved up with no place to go
Nos encontramos con una de las canciones más rockeras, con un inicio al saxofón por parte de Edgar Winter (Beaumont, 1946) que nos acompañará durante toda la canción. Es la historia de un chico que no tiene nada salvo la vida por delante, y de una chica que no tiene nada pero que es el verdadero amor, por lo menos el amor de ese sábado noche, y cómo la busca cual cazador. Como siempre los títulos son expresiones, que en este caso se traduciría por “Acelerado al máximo y sin lugar adonde ir”, que podríamos asemejarlo a la insolencia propia de la juventud, que no busca nada, pero lo busca rápido y ya.

Two out of three ain’t bad
Éste es sin duda uno de mis temas preferidos de Meat Loaf, con el que en directo consigue una comunión especial con el público. “Dos de tres no está mal” cuenta la historia de cómo le han dejado, cómo un día se levantó de la cama y pese a las suplicas, que le dejaron afónico, ella cruzó la puerta. Ella no le quiere, pero siente algo más profundo por él. Y da igual cuanto más lo hablemos, no hay solución, pues no puedo darte lo que no tengo. Sigue recalcando los tópicos americanos de las niñas buenas que se van con niños malos en una “noche tormentosa”. Y si cerramos los ojos podemos ver la escena, pues casi todos los temas de Jim Steinman son ante todo visuales.

Paradise by the dashboard light
Sin duda alguna una de las canciones más raras que jamás se hayan realizado. Para empezar en el libreto identifican tres partes diferenciadas, que la hacen muy larga, pero nada comparada con su versión en directo. La traducción es bien clara “El paraíso a través de la luz del salpicadero”, y si seguimos la letra es la historia de un chico y una chica, ambos rondando los 17 años, apenas vestidos en el aparcamiento de un lago donde las parejas de instituto se reúnen para… para lo obvio. Todos los compañeros de colegio saben que esa noche es la gran noche y qué debe pasar. Él intenta convencerla y dejar a la madre naturaleza hacer el resto, en una fría noche que sin embargo es el paraíso para él. Un cambio de ritmo brutal nos lleva a la segunda parte, y mientras oímos ruidos sensuales y sexuales -otra vez más Jim Steinman haciendo de las suyas- en la radio el mítico Phil (Scooter) Rizzuto, comentarista habitual de los New York Yankees, con un hueco en el salón de la fama del béisbol (y por tanto Bat out of Hell está representado allí), narra un partido. Recordemos cómo los jóvenes americanos asemejan este deporte con el juego sexual, y si se consigue hacer una carrera o se quedan en alguna base. Y llega la tercera parte, y no ha conseguido la carrera pues ella le dice que se pare, le pregunta si la amará de por vida, si la hará feliz por siempre, necesita saberlo… Pero es demasiada presión para un joven de 17 años con más sangre en sus pantalones que en su cabeza. Se inicia una discusión que merece ser vista en directo, pues Meat Loaf demuestra que es un actor, y en la interpretación esta canción se convierte en una película, con Meat Loaf metiendo mano a su partenaire, tumbándose sobre el escenario; dándolo todo, cual film, siempre distinto, pero con el mismo resultado: la palabra dada que no puede cumplir, y ahora reza por el fin de los tiempos, pues ante todo es un caballero que jamás rompería una promesa.

For crying out loud
Otra balada, dedicada a una mujer que le ha salvado y a la cual necesita. Jim Steinman siempre da matices sexuales a sus temas que se pueden observar en frases como “Y, ¿no puedes ver cómo revientan mis descoloridos Levis?”, lo que le da un toque divertido. En la canción va relatando el porqué le ama, “por amor de Dios”, (como se podría traducir el título de la canción) si está claro el porqué la ama. Instrumentalmente destaca la presencia de una orquestación en toda regla, que realza la parte más dramática del tema y sustenta la más tranquila del mismo en la declaración de amor.

En resumen, el éxito del álbum se fundamenta en siete grandes canciones, cantadas por una gran voz, acompañado por unos grandes músicos, con una gira descomunal para promocionarle. Algo mas complicado que lo que hoy en día se hace.

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Sobre el autor

Titulado en leyes, amante del apasionante mundo de las estadísticas y desde 2007 en la Red con este artefacto llamado RockTheBestMusic. Y sí, Led Zeppelin es el mejor grupo que ha transitado por el Planeta TIierra.

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